El camino hacia la lectura comienza desde el nacimiento (Parte I)
Revisado y actualizado: septiembre–octubre de 2026.
📚 Serie especial: El camino hacia la lectura
Las bases que más adelante ayudarán a aprender a leer comienzan a construirse mucho antes de que un niño reconozca su primera letra.
Desde los primeros meses de vida va desarrollando habilidades importantes para comprender el lenguaje: escucha voces, participa en pequeños intercambios, descubre palabras, observa imágenes, manipula libros y comienza a comprender que los sonidos, los gestos y, posteriormente, las palabras pueden transmitir significados.
Esta serie recorre ese camino en diferentes etapas: Parte I: El camino hacia la lectura comienza desde el nacimiento; Parte II: Del juego con palabras a los primeros lectores; y Parte III: Lectores cada vez más autónomos: comprensión, motivación y pensamiento crítico.
En esta primera parte nos centraremos principalmente en los primeros tres años de vida, no para adelantar contenidos escolares, sino para comprender cómo las conversaciones, el juego, las canciones y los libros pueden acompañar naturalmente el desarrollo de la comunicación y las primeras experiencias relacionadas con la lectura.
La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda compartir libros desde el período del recién nacido. Su declaración actualizada en 2024 destaca que la lectura compartida ofrece oportunidades de interacción ricas en lenguaje y puede contribuir al desarrollo lingüístico, cognitivo y socioemocional.
📌 Ficha rápida
Antes de leer palabras, aprendemos a comunicarnos
Un recién nacido no sabe qué es un libro ni comprende todas las palabras que escucha. Pero ya está inmerso en un mundo de comunicación.
Escucha voces, percibe ritmos y entonaciones, observa rostros y responde mediante movimientos, sonidos y, poco a poco, sonrisas y balbuceos.
Cuando un adulto responde a esas señales se produce una interacción de ida y vuelta. El bebé hace un sonido, el adulto responde y el bebé vuelve a vocalizar. Todavía no hay palabras, pero ya existe algo parecido a una conversación.
La Organización Mundial de la Salud (World Health Organization, WHO; OMS en español) incluye las interacciones responsivas y las oportunidades de aprendizaje temprano entre los componentes importantes del desarrollo durante los primeros tres años.
Hablar, cantar, jugar y compartir libros pueden formar parte de esas experiencias cotidianas.
Desde el nacimiento: la voz también forma parte de la lectura
Durante los primeros meses no necesitamos preocuparnos demasiado por “leer correctamente” un cuento.
Podemos sostener un libro mientras hablamos, mostrar una imagen, nombrar un animal, repetir una rima o simplemente leer unas pocas páginas mientras el bebé escucha nuestra voz.
La AAP recomienda comenzar a compartir libros desde el nacimiento y recuerda que un bebé puede participar aunque todavía no comprenda las palabras. Escucha sonidos, ritmos y entonaciones y, sobre todo, participa de una interacción con otra persona.
No es necesario terminar la historia. Si aparta la mirada, se inquieta, comienza a explorar otra cosa o muestra que necesita cambiar de actividad, podemos parar.
Un libro para un bebé no es una tarea que haya que completar.
Durante el primer año: tocar, mirar y escuchar también es compartir un libro
A medida que el bebé crece, comienza a participar más activamente. Puede mirar una ilustración, golpear una página, intentar pasarla, llevarse el libro a la boca, tocar una textura o vocalizar mientras hablamos.
Estas conductas forman parte de la forma en que los bebés exploran los objetos que los rodean. Para ellos, familiarizarse con un libro también puede significar tocarlo, moverlo, abrirlo, cerrarlo y explorar físicamente sus páginas.
Podemos seguir su interés. Si quiere cambiar de página, podemos hacerlo. Si se queda mirando una imagen, podemos permanecer allí.
Podemos decir:
“Mira, un perro.”
“El perro corre.”
“Guau, guau.”
No necesitamos comprobar después si aprendió la palabra. Estamos compartiendo lenguaje alrededor de algo que captó su atención.
Conversar también prepara el camino hacia la lectura
Los libros son valiosos, pero no son la única experiencia importante. Las conversaciones cotidianas también ayudan a construir lenguaje.
Durante el baño podemos decir:
“Vamos a lavar tus pies.”
Al salir:
“Escuchaste un auto.”
Mientras come:
“El plátano está blandito.”
Cuando señala:
“Sí, viste un pájaro.”
Estas frases pueden parecer muy sencillas, pero permiten al niño escuchar palabras dentro de situaciones que tienen significado para él.
También podemos ampliar aquello que intenta comunicar. Si dice:
“Gato.”
podemos responder:
“Sí, el gato está durmiendo.”
No necesitamos pedir:
“Ahora repite: el gato está durmiendo.”
Ofrecemos un modelo y dejamos que la conversación continúe.
Chile Crece Contigo también destaca la importancia de conversar, responder a las iniciativas del niño y ofrecer modelos de lenguaje dentro de las actividades cotidianas.
Entre los 12 y 18 meses: cada vez puede participar más
A medida que aparecen nuevos gestos, sonidos, palabras y formas de comunicación, el libro puede convertirse en un espacio de intercambio mucho más activo.
El niño puede señalar, buscar una imagen conocida, imitar un sonido, pasar páginas, reconocer una palabra repetida, volver a una parte del cuento o anticipar algo que ya conoce.
Podemos seguir su iniciativa.
Si señala una vaca:
“Sí, es una vaca. Muuu.”
Si quiere imitar el sonido, estupendo. Si no lo hace, podemos continuar.
No necesitamos conseguir una respuesta para que la experiencia haya sido valiosa.
Compartir un libro no tiene que convertirse en una sucesión de preguntas.
De los 18 meses a los 3 años: palabras, historias y mucha repetición
Durante estos años, para muchos niños la comunicación se va haciendo cada vez más amplia y compleja. Pueden aparecer más palabras, combinaciones de palabras, preguntas, comentarios, gestos y maneras cada vez más variadas de expresar aquello que quieren, observan o recuerdan.
Los libros conocidos suelen adquirir un atractivo especial. Quizás el niño ya sabe que después de determinada página aparecerá su animal favorito. Puede completar una palabra, anticipar un sonido, señalar una imagen o decir:
“¡Otra vez!”
La AAP recuerda que a los bebés y niños pequeños suele gustarles volver repetidamente a los mismos libros o a determinadas partes de ellos.
Esa familiaridad les permite participar de nuevas maneras. Para nosotros puede ser la décima lectura, pero para el niño no necesariamente es la misma experiencia.
Ahora puede comprender una palabra que antes no comprendía, observar un detalle nuevo, anticipar lo que ocurrirá o disfrutar precisamente de saber qué viene después.
Repetir un cuento no significa aprenderlo de memoria sin comprender
La repetición puede ser valiosa, pero conviene evitar explicaciones demasiado simples.
No podemos asegurar que volver a leer un cuento produzca automáticamente los mismos efectos en todos los niños. Lo que sí sabemos es que los libros conocidos ofrecen oportunidades repetidas de escuchar palabras, seguir una historia, observar imágenes y participar en la interacción.
Podemos enriquecer esas nuevas lecturas sin convertirlas en clases. Una vez quizás leamos el cuento completo, otra podemos detenernos en las imágenes, después permitir que el niño complete una palabra conocida y otra vez simplemente disfrutarlo tal como está.
Las preguntas ayudan… cuando realmente conversamos
A medida que el lenguaje se desarrolla podemos hacer preguntas sencillas:
“¿Dónde está el gato?”
“¿Qué ocurrió aquí?”
“¿Qué crees que viene ahora?”
Pero una pregunta tras otra puede transformar el cuento en un interrogatorio.
También podemos comentar:
“Ese elefante parece sorprendido.”
“Yo no había visto ese ratoncito escondido.”
“Esto se parece al parque donde fuimos ayer.”
Así el niño descubre que leer también significa pensar, observar y conversar juntos, no solamente responder correctamente.
Algunas ideas sencillas para estos primeros años
No necesitamos realizar todas estas actividades ni hacerlas cada día.
Podemos hablar durante las rutinas cotidianas, responder a sonidos, gestos, miradas y palabras, cantar canciones y repetir rimas, compartir libros resistentes y apropiados para la edad, nombrar aquello que llama la atención del niño y releer sus cuentos favoritos.
También podemos dejar que pase las páginas y explore, ampliar sus primeras palabras sin exigir que repita, ofrecer papel y materiales seguros y apropiados para la edad para realizar sus primeros garabatos con la supervisión necesaria, visitar una biblioteca cuando sea posible y dejar algunos libros a su alcance para que pueda elegirlos.
Y, por supuesto, podemos conversar y leer en el idioma o los idiomas que la familia utiliza con naturalidad.
La AAP recomienda que los libros y las experiencias de lectura sean apropiados para el desarrollo, culturalmente diversos y, cuando sea posible, estén disponibles en las lenguas preferidas por la familia.
Leer en la lengua de la familia también tiene valor
A algunas familias multilingües les preocupa que deban leer exclusivamente en el idioma que el niño utilizará posteriormente en la escuela.
No es necesario abandonar la lengua en la que los adultos se sienten más cómodos.
Una lectura rica y natural en la lengua familiar permite conversar, explicar, bromear y contar historias con mayor espontaneidad.
Podemos compartir libros en uno o más idiomas. Lo importante es que el niño disponga de oportunidades reales para escuchar, comprender y participar en la comunicación.
Mantener la lengua familiar no impide que un niño aprenda posteriormente otras lenguas.
Los primeros garabatos también forman parte de este camino
Antes de escribir letras aparecen líneas, puntos, círculos y otras marcas.
Y eso está bien.
Podemos ofrecer papel y materiales adecuados sin pedir al niño que copie letras.
Quizás haga un garabato y diga:
“Aquí dice mamá.”
No necesitamos corregir:
“Eso no dice mamá.”
Podemos responder:
“¿Escribiste sobre mamá? Cuéntame.”
Está comenzando a descubrir una idea muy importante: las marcas pueden representar algo y comunicar un mensaje.
Con el tiempo aparecerán formas cada vez más próximas a la escritura convencional.
No necesitamos apresurarlas.
Preparar el camino hacia la lectura no significa enseñar a leer antes
Este es probablemente el mensaje más importante de esta primera parte.
Un niño de dos años no necesita fichas diarias de letras para “ir adelantado”. Tampoco necesitamos evaluar cuántas letras reconoce ni pedirle que memorice palabras.
Si muestra espontáneamente interés por una letra, podemos responder:
“Sí, esa es la M, como la de Martín.”
Podemos jugar con su nombre, mirar carteles o cantar el abecedario si le divierte.
El problema no está en hablar de letras. Está en transformar los primeros años en una enseñanza académica formal y repetitiva que desplaza conversación, juego, movimiento, exploración y lectura compartida.
La OMS recomienda que las oportunidades de aprendizaje durante los primeros tres años estén integradas en interacciones responsivas y actividades cotidianas apropiadas para el desarrollo.
En Chile, recursos de primera infancia difundidos por Chile Crece Contigo, el Ministerio de Educación de Chile, la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) y Fundación Integra también han destacado que la alfabetización temprana no significa enseñar precozmente a leer y escribir, sino acercar a niños y niñas al lenguaje, los relatos, los libros y otras formas de comunicación dentro de experiencias significativas.
¿Y las aplicaciones “para aprender a leer”?
Una aplicación puede resultar entretenida. Puede mostrar imágenes, canciones, letras o sonidos e incluso permitir practicar algunas habilidades.
Pero durante estos primeros años no necesitamos una aplicación para ofrecer las experiencias lingüísticas fundamentales que el niño necesita.
Cuando señala una página y nosotros seguimos su interés, nuestra respuesta cambia según aquello que hace. Podemos ampliar una palabra, esperar, reírnos, cambiar de tema, volver atrás o responder a un gesto.
Esa capacidad de adaptar nuestra respuesta al niño es una característica central del aprendizaje responsivo.
La tecnología puede ofrecer experiencias interesantes, pero no reemplaza la riqueza de una interacción humana sensible y recíproca.
El mundo cotidiano ya está lleno de lenguaje.
Cada niño puede compartir un libro de manera diferente
No todos los niños se sientan quietos mirando las páginas.
Uno puede escuchar mientras camina alrededor, otro querer tocarlo todo y otro observar atentamente pero decir poco. Uno responde hablando, otro señala y otro utiliza gestos, signos o sistemas de comunicación aumentativa y alternativa.
Algunos pueden beneficiarse de libros con ilustraciones simples, texturas, letra ampliada, apoyos visuales o mayor contraste. Otros pueden necesitar lecturas breves, menos estímulos alrededor, más movimiento o más tiempo.
La AAP ofrece orientaciones para adaptar la lectura compartida a niños con diferentes necesidades de desarrollo, comunicación, atención, audición o visión.
Participar no significa necesariamente permanecer sentado, mirar continuamente el libro ni responder hablando.
¿Qué pasa si mi hijo no quiere escuchar cuentos?
No tenemos que obligarlo.
Podemos observar qué está ocurriendo. Quizás el libro es demasiado largo, tal vez el momento no es adecuado, puede preferir libros con fotografías, animales, vehículos o canciones, quizás quiera pasar las páginas rápidamente o simplemente tiene ganas de moverse.
Podemos probar otro libro, otro momento, una canción, un relato inventado o simplemente dejar los libros disponibles sin insistir.
Chile Crece Contigo también recomienda respetar el interés del niño y evitar forzar la lectura cuando en ese momento no desea participar.
La lectura compartida debería intentar conservar algo fundamental:
el placer de estar juntos alrededor de una historia.
¿Cuándo una preocupación sobre el lenguaje merece atención?
Esta entrada no pretende utilizar los libros como una prueba del desarrollo.
Un niño puede no interesarse especialmente por los cuentos y desarrollarse adecuadamente.
Pero si existen preocupaciones persistentes sobre cómo escucha, comprende o se comunica, conviene comentarlas con un profesional.
También merece atención la pérdida de palabras, gestos u otras habilidades que anteriormente utilizaba.
Para profundizar en estas señales, la entrada Desarrollo del lenguaje infantil: cómo acompañarlo y cuándo consultar aborda específicamente el desarrollo comunicativo y las situaciones que pueden justificar una evaluación.
🌿 Para recordar
Las bases que más adelante ayudarán a aprender a leer comienzan mucho antes de las primeras letras. Durante los primeros tres años, conversar, jugar, cantar y compartir libros ofrece oportunidades para desarrollar lenguaje y comunicación.
Leer con un bebé no exige terminar el cuento y explorar físicamente un libro también puede formar parte de la experiencia. Repetir historias conocidas permite nuevas oportunidades de escuchar, anticipar y participar.
No necesitamos convertir cada página en una pregunta ni cada actividad en una oportunidad para evaluar. Tampoco hace falta enseñar a leer precozmente.
Durante estos primeros años estamos construyendo una relación con el lenguaje, las historias y los libros sobre la que, más adelante, podrá apoyarse el aprendizaje formal de la lectura.
Conclusión
Antes de que un niño lea una palabra, ha vivido innumerables experiencias relacionadas con el lenguaje.
Alguien respondió a uno de sus primeros sonidos, nombró aquello que señalaba, cantó la misma canción muchas veces, leyó un cuento, esperó una respuesta y volvió a contar la historia que tanto le gustaba.
Poco a poco el niño descubre que los sonidos transmiten mensajes, que las palabras representan ideas y que los libros contienen historias e información que podemos explorar juntos.
No necesitamos apresurar ese recorrido.
Nuestro papel durante los primeros años no consiste en llevar rápidamente al niño hasta las letras.
Consiste en ofrecerle buenas razones para querer acercarse a ellas cuando llegue el momento.
💚 Consejo de la educadora
A veces veo familias preocupadas porque un niño pequeño todavía no reconoce su nombre escrito o no sabe identificar letras.
Antes de preguntar:
“¿Cuántas letras conoce?”
yo haría otras preguntas.
¿Le gusta conversar? ¿Nos muestra cosas que le interesan? ¿Disfruta una canción? ¿Busca algún cuento conocido? ¿Intenta comunicarnos algo sobre una imagen? ¿Nos pide que repitamos una historia? ¿Ha descubierto que un libro puede esconder algo interesante?
Todas esas experiencias también están preparando el terreno.
Como educadora, prefiero que un niño llegue al aprendizaje formal de la lectura con curiosidad por descubrir qué dicen las palabras antes que llegar habiendo memorizado muchas letras pero convencido de que leer es otra obligación.
Las letras tendrán su momento.
Antes de ellas podemos regalarle algo muy valioso:
el deseo de comprender, comunicar y descubrir historias.
Fuentes consultadas
Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) (2024). Literacy Promotion: An Essential Component of Primary Care Pediatric Practice: Policy Statement. Consultar declaración de la AAP y su Technical Report complementario. Consultar informe técnico en PubMed. La actualización recomienda promover la lectura compartida desde el nacimiento mediante experiencias interactivas, agradables, apropiadas para el desarrollo y ricas en lenguaje.
Academia Americana de Pediatría (AAP), HealthyChildren.org. Cómo compartir libros con su bebé y fomentar la lectura de sus hijos. Consultar recurso para familias. Ofrece orientaciones para seguir las señales e intereses del bebé, aceptar períodos breves de atención, permitir que cambie de página o no termine el cuento y disfrutar de la repetición de historias conocidas.
Organización Mundial de la Salud (OMS) (2020). Improving Early Childhood Development: WHO Guideline. Consultar guía de la OMS. Recomendaciones basadas en evidencia sobre cuidado responsivo y oportunidades de aprendizaje temprano durante los primeros años de vida.
Organización Mundial de la Salud (OMS), Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y Grupo Banco Mundial (2018). Nurturing Care Framework for Early Childhood Development. Consultar marco Nurturing Care. Marco sobre cuidado cariñoso y sensible que destaca la importancia de las interacciones responsivas, la seguridad, la salud, la nutrición y las oportunidades de aprendizaje integradas en la vida cotidiana desde el nacimiento.
Chile Crece Contigo. Primeros pasos en el mundo de la lectura. Consultar recurso de Chile Crece Contigo. Promueve cuentos, historias, canciones, conversación e interacción con libros como experiencias significativas que favorecen el lenguaje, la imaginación, la comprensión del entorno y los vínculos durante la primera infancia.
Ministerio de Educación de Chile – Subsecretaría de Educación Parvularia. Orientaciones sobre lectura, escritura y comunicación oral durante la Educación Parvularia y sobre la lectura durante los primeros años. Estos recursos entienden la alfabetización temprana como un acercamiento progresivo al lenguaje oral y escrito mediante conversaciones, cuentos, juegos, imágenes y experiencias cotidianas significativas, y no como una exigencia de aprender formalmente a leer y escribir antes de tiempo.
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Parte II: Del juego con palabras a los primeros lectores ➡️
Parte III: Lectores cada vez más autónomos: comprensión, motivación y pensamiento crítico ➡️
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¿Hay algún cuento, canción o juego de palabras que tu hijo o hija haya querido repetir una y otra vez durante sus primeros años?
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