Alimentación del bebé: lactancia, primeros alimentos y alimentación complementaria

Revisado y actualizado: septiembre–octubre de 2026.

La alimentación durante el primer año de vida suele traer muchas preguntas. ¿Cuándo comenzar con otros alimentos? ¿Debe comer solamente purés? ¿Qué alimento se ofrece primero? ¿Puede tomar agua? ¿Cuándo introducir huevo, pescado o maní? ¿Y si rechaza una comida?

No existe una única manera en que todos los bebés avanzan exactamente al mismo ritmo. Alimentarse también es un proceso de desarrollo: poco a poco aprenden a aceptar nuevos sabores, manejar distintas texturas, tomar alimentos con sus manos, beber de un vaso y participar cada vez más de las comidas familiares.

Durante este proceso, alimentar no consiste solamente en entregar nutrientes. También implica observar señales de hambre y saciedad, acompañar nuevas experiencias y ofrecer alimentos de una forma segura y adecuada a las habilidades de cada bebé.

La alimentación complementaria comienza generalmente alrededor de los 6 meses, cuando la leche por sí sola ya no alcanza a cubrir todas las necesidades nutricionales y el bebé ha desarrollado habilidades que le permiten comenzar a recibir otros alimentos. Se llama complementaria precisamente porque se agrega a la alimentación láctea; no significa que esta desaparezca de un día para otro.



📌 Ficha rápida

¿Cuándo comenzar con otros alimentos?
Generalmente alrededor de los 6 meses, considerando tanto la edad como el desarrollo y las habilidades del bebé.

¿Debe dejar de tomar leche cuando comienza a comer?
No. Durante esta etapa los alimentos complementan la leche materna o la fórmula.

¿Hay un alimento obligatorio para comenzar?
No. No existe una secuencia universal que todas las familias deban seguir. Sí es importante incorporar progresivamente alimentos variados y nutritivos, prestando especial atención a aquellos que aportan hierro.

¿Tiene que comer solamente purés?
No. Las texturas deben avanzar progresivamente de acuerdo con sus habilidades.

¿Hay que retrasar huevo, pescado, maní u otros alimentos para prevenir alergias?
En general, no. Una vez iniciada la alimentación complementaria no se recomienda retrasar de manera rutinaria los alimentos potencialmente alergénicos. Algunos bebés con antecedentes específicos necesitan orientación profesional antes de introducir ciertos alimentos.

¿Debe terminar siempre la porción?
No. Observar y respetar las señales de hambre y saciedad también forma parte de una alimentación saludable.

Durante los primeros meses, la leche es el alimento principal

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud de Chile (MINSAL) recomiendan la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses y continuarla junto con otros alimentos hasta los 2 años o más.

Lactancia materna exclusiva significa que durante ese período el bebé recibe leche materna y no otros alimentos o líquidos, ni siquiera agua, salvo medicamentos, vitaminas u otras indicaciones específicas de salud.

Pero no todas las familias pueden o desean mantener una lactancia exclusiva. Cuando un bebé necesita fórmula infantil, esta puede utilizarse para complementar o reemplazar la leche materna según su situación. En Chile, el Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC) contempla fórmulas para lactantes que no pueden recibir leche materna o requieren complementarla.

La guía chilena también señala que cambiar automáticamente a una llamada “fórmula de continuación” después de los 6 meses no resulta indispensable. Cuando se necesita fórmula, su elección y preparación deben seguir las indicaciones correspondientes y, cuando existan dudas, conviene conversarlo con el equipo de salud.

Es importante hablar de alimentación infantil sin convertirla en una medida del vínculo o del compromiso de una familia. El vínculo con un bebé no depende exclusivamente de amamantar.

Dar alimento también puede ser un momento de cercanía, contacto, comunicación y respuesta a sus necesidades, ya sea mediante lactancia materna, fórmula o una combinación de ambas.


¿Cómo saber si está preparado para comenzar?

Los 6 meses son una referencia importante, pero el calendario no es lo único que debemos observar. Alrededor de esta edad muchos bebés han desarrollado mayor control de la cabeza y el tronco, pueden permanecer sentados con el apoyo adecuado y han avanzado en las habilidades necesarias para manejar y tragar alimentos diferentes de la leche.

La guía chilena considera, entre otros aspectos, el control de cabeza y tronco, el desarrollo de la deglución y la capacidad progresiva para discriminar nuevas texturas, sabores, olores y temperaturas. No es necesario esperar a que aparezcan dientes para comenzar la alimentación complementaria.

Cuando existen dudas sobre el desarrollo motor, la deglución, el crecimiento o la capacidad del bebé para iniciar este proceso, conviene conversar con el equipo de salud que lo conoce.


¿Qué alimento ofrecer primero?

No existe un único alimento que todos los bebés deban comer primero. Frutas, verduras, cereales, legumbres, huevo, carnes y pescado pueden formar parte progresivamente de una alimentación variada, siempre preparados de una manera adecuada para la edad y las habilidades del bebé.

Hay algo, sin embargo, que merece especial atención durante esta etapa: el hierro. Durante la segunda mitad del primer año aumentan considerablemente sus necesidades. Por eso es importante incorporar alimentos que aporten hierro, como carnes, pescado, huevo, legumbres y cereales infantiles fortificados, combinándolos con otros alimentos dentro de una dieta variada. La guía chilena recomienda priorizar la incorporación de alimentos ricos en hierro desde el comienzo de la alimentación complementaria.

Las fuentes vegetales de hierro pueden acompañarse de alimentos ricos en vitamina C, como frutas y verduras, para favorecer su absorción.

La suplementación con hierro es un tema diferente de la alimentación y debe seguir las indicaciones del equipo de salud según la edad, tipo de alimentación y situación particular del bebé.

No necesitamos seguir una secuencia rígida de “primero cereal, después fruta, luego verdura y finalmente carne”. Podemos construir variedad de manera progresiva.


No todo tiene que ser completamente licuado

Los purés y alimentos triturados pueden ser útiles al comenzar, pero el bebé no necesita permanecer indefinidamente comiendo únicamente preparaciones completamente lisas. A medida que desarrolla habilidades para comer, podemos avanzar gradualmente desde preparaciones suaves hacia alimentos más espesos, aplastados, con pequeños grumos y posteriormente alimentos blandos, picados o molidos según corresponda.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) recomiendan ofrecer progresivamente diferentes texturas para favorecer tanto la aceptación de alimentos como el desarrollo de habilidades para masticar y manipular la comida.

La guía chilena también advierte que mantener durante demasiado tiempo exclusivamente preparaciones licuadas o purés puede dificultar la progresión hacia otras texturas.

Por ejemplo, un alimento inicialmente triturado puede después ofrecerse aplastado con tenedor y, cuando el bebé esté preparado, en una presentación blanda y segura que pueda explorar con sus manos. No todos avanzan exactamente al mismo tiempo.

Un bebé con dificultades motoras, sensoriales, de coordinación o deglución puede necesitar otras texturas, más tiempo o apoyo profesional. Adaptar la alimentación a sus necesidades no significa que esté “atrasado”.


Comer también se aprende con las manos

Tocar, aplastar, oler e intentar tomar los alimentos también forma parte de conocerlos. Sí, probablemente ensuciará. Puede tomar un trozo y dejarlo caer, quizás lo lleve a la boca y después lo escupa. Eso no significa que la experiencia haya sido inútil.

Está descubriendo consistencias, temperaturas, aromas y los movimientos necesarios para alimentarse. Tomar alimentos con los dedos también permite desarrollar habilidades motoras que más adelante utilizará para comer con mayor independencia.

Tampoco existe la obligación de elegir entre alimentar exclusivamente con cuchara o utilizar un método específico como si fueran opciones incompatibles. Algunas familias ofrecen alimentos con cuchara, otras incorporan alimentos blandos que el bebé puede tomar con las manos y muchas combinan ambas posibilidades.

Lo prioritario no es seguir una tendencia determinada. Lo importante es la seguridad, la variedad, la progresión de habilidades y la respuesta a las señales del bebé.


Hambre y saciedad: observar también es alimentar

Una alimentación responsiva significa que el adulto ofrece alimentos apropiados, observa al bebé y responde a sus señales. Puede mostrar hambre acercándose hacia el alimento, abriendo la boca o mostrando interés. Cuando está satisfecho puede cerrar la boca, girar la cabeza, perder interés o rechazar más comida. Estas señales van cambiando a medida que el niño crece.

No necesitamos transformar cada cucharada en una negociación. Frases como “Una más por mamá”, “Hasta que termines todo” o “Si comes esto te doy otra cosa” pueden alejarnos de esas señales.

El adulto decide qué alimentos apropiados ofrecer y en qué contexto. El bebé participa indicando cuánto desea comer. Habrá días en que comerá más y otros en que comerá menos.

Terminar una porción no debería ser el único indicador de que una comida resultó bien.


¿Y si rechaza un alimento?

Que un bebé rechace un alimento una vez no significa necesariamente que nunca le gustará. Los sabores, olores y texturas son nuevos y algunos necesitan varias oportunidades antes de volverse familiares.

Podemos volver a ofrecerlo otro día, sin presión. La nueva guía chilena recomienda no retirar automáticamente un alimento después del rechazo inicial y volver a presentarlo en otras oportunidades de forma respetuosa, sin obligar a comer.

No necesitamos esconder siempre los alimentos rechazados ni transformar cada intento en una batalla. Podemos simplemente volver a presentarlos dentro de una alimentación variada.

Conocer un alimento también requiere tiempo.


Alimentos alergénicos: las recomendaciones han cambiado

Durante muchos años se recomendó retrasar alimentos como huevo, pescado, lácteos o maní por temor a las alergias. Actualmente esa recomendación ha cambiado.

Una vez que el bebé ha comenzado la alimentación complementaria y está preparado para recibir estos alimentos, no existe beneficio demostrado en retrasar rutinariamente los principales alimentos potencialmente alergénicos. La guía chilena recomienda no postergar alimentos como pescado, huevo y legumbres, y la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) incluye entre los alérgenos habituales huevo, maní y otros frutos secos, lácteos, trigo, sésamo, soja, pescado y mariscos.

Conviene introducir los alimentos nuevos progresivamente y en cantidades pequeñas al comienzo, de manera que sea más fácil observar cómo responde el bebé. Eso no significa ofrecerlos de cualquier manera.

Por ejemplo, nunca debemos ofrecer maníes ni otros frutos secos enteros a un bebé. Pueden utilizarse molidos o en una pasta diluida hasta alcanzar una textura segura para su desarrollo.

En bebés con eccema grave, alergia conocida al huevo, una reacción previa a algún alimento u otros antecedentes de riesgo, conviene conversar con el pediatra o especialista antes de introducir determinados alérgenos, especialmente el maní.

Si después de ingerir un alimento aparecen síntomas como ronchas generalizadas, hinchazón, vómitos repetidos, tos persistente, sibilancias o dificultad para respirar, debe suspenderse el alimento y buscar orientación médica. La dificultad respiratoria o una reacción grave y generalizada requiere atención de urgencia.


La seguridad al comer es fundamental

A medida que incorporamos nuevas texturas también debemos prevenir el atragantamiento. El bebé debe comer sentado en una posición estable y bajo la supervisión de un adulto.

No es recomendable que coma mientras gatea, camina, juega, viaja en automóvil o va en coche. Los momentos de comida deberían ser tranquilos, sin prisas y con la menor cantidad posible de distracciones.

La forma de preparar los alimentos también importa. Entre los alimentos que pueden representar riesgo si se ofrecen sin adaptar se encuentran frutos secos enteros, cucharadas espesas de mantequilla de maní, uvas o tomates pequeños enteros, zanahoria o manzana cruda dura, salchichas cortadas en rodajas, palomitas de maíz, caramelos, trozos grandes de carne y otros alimentos duros, redondos o pegajosos.

No significa que todos estos alimentos estén prohibidos para siempre. Muchos pueden ofrecerse cuando corresponda modificando su forma, tamaño, consistencia o textura.

Arcadas y atragantamiento no son lo mismo

Cuando un bebé está aprendiendo a manejar nuevas texturas puede presentar arcadas, toser o expulsar el alimento. La arcada es un reflejo protector que ayuda a evitar que el alimento avance hacia la vía respiratoria.

El atragantamiento, en cambio, ocurre cuando un alimento u objeto obstruye la vía respiratoria y puede impedir respirar, llorar o emitir sonidos.

Por eso, además de preparar los alimentos de forma segura, es recomendable que madres, padres y cuidadores conozcan primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar (RCP) para lactantes y niños.


Algunos alimentos y bebidas sí conviene evitar

1. Miel

Aquí existe una diferencia entre recomendaciones internacionales.

Los CDC indican no ofrecer miel a menores de 12 meses por el riesgo de botulismo infantil. Sin embargo, la Guía de Alimentación del Niño/a menor de 2 años de Chile, versión 2024, adopta una recomendación más conservadora y señala evitar su consumo durante los primeros 2 años, además de desaconsejarla por su contenido de azúcares libres. Para una orientación dirigida principalmente a familias en Chile, seguiremos la recomendación nacional.

Por lo tanto: durante los primeros 2 años, es preferible no ofrecer miel.

2. Leche de vaca como bebida antes del año

Antes de los 12 meses, la leche de vaca sin modificar no debe reemplazar a la leche materna o a la fórmula como bebida láctea principal.

La guía chilena señala que no es nutricionalmente adecuada para menores de un año por su composición y bajo aporte de algunos nutrientes importantes, entre ellos el hierro.

Esto es diferente de algunos alimentos lácteos apropiados para la edad, como yogur natural pasteurizado sin azúcar, que pueden incorporarse dentro de la alimentación complementaria.

3. Jugos

Durante el primer año no necesitamos introducir jugos. La fruta entera, preparada de una forma adecuada para la edad, aporta una experiencia nutricional y de textura diferente.

La guía chilena recomienda preferir fruta natural y no sustituir el agua por jugos o bebidas.

4. Azúcar, sal y edulcorantes

El bebé no necesita que agreguemos azúcar para que acepte los alimentos. Tampoco es necesario añadir sal ni utilizar edulcorantes para “mejorar” las preparaciones.

La guía chilena recomienda evitar durante esta etapa la adición de sal, azúcares y edulcorantes, favoreciendo que el niño conozca los sabores naturales de los alimentos.

Eso no significa que todas las comidas tengan que ser completamente insípidas. Algunas hierbas y condimentos naturales de sabor suave pueden incorporarse en pequeñas cantidades según las preparaciones y costumbres familiares.


¿Puede tomar agua?

Durante los primeros 6 meses, un bebé con lactancia materna exclusiva no necesita agua adicional de manera habitual, ni siquiera en días calurosos.

Una vez iniciada la alimentación complementaria, podemos comenzar a ofrecer agua junto con los nuevos alimentos. La guía chilena recomienda que, en esta etapa, el agua sea el líquido complementario habitual, sin azúcar, miel, saborizantes ni edulcorantes.

Durante el primer año, la leche materna o la fórmula continúan ocupando un lugar central en la alimentación. No necesitamos reemplazar el agua por jugos, bebidas azucaradas o infusiones.


Comer en familia también es aprendizaje

A medida que el bebé crece puede comenzar a participar cada vez más de las comidas familiares. No necesariamente comerá exactamente lo mismo que los adultos desde el comienzo, pero muchas preparaciones pueden adaptarse separando su porción antes de agregar exceso de sal, azúcar o ingredientes poco apropiados para su edad.

Sentarse junto a otras personas también permite observar. Mira cómo utilizamos una cuchara, cómo tomamos un vaso y cómo otras personas prueban alimentos diferentes. También escucha conversaciones y, poco a poco, comienza a comprender las rutinas que rodean la comida.

Con el tiempo, comer deja de ser solamente algo que el adulto hace por él y empieza a convertirse en una actividad cotidiana en la que el niño participa cada vez más.


No todos los bebés necesitan exactamente lo mismo

Las recomendaciones generales son un punto de partida, no una receta idéntica para todos. Un bebé prematuro, con dificultades de deglución, alteraciones motoras, alergias alimentarias, enfermedades crónicas, dificultades de crecimiento u otras necesidades particulares puede requerir ajustes.

Algunos niños también presentan mayor sensibilidad frente a determinadas texturas, temperaturas, olores o sabores. En estos casos, presionar no suele resolver la dificultad.

Puede ser necesario adaptar los alimentos, la posición, los utensilios, el ritmo de la comida o la forma de presentar las texturas. Cuando corresponda, puede ser útil contar con apoyo de pediatría, nutrición, fonoaudiología u otros profesionales según las necesidades específicas del niño.

La meta no es que todos coman exactamente de la misma manera, sino que cada niño pueda alimentarse de forma segura, nutritiva y cada vez más participativa.

¿Cuándo conviene pedir orientación?

Conviene conversar con el equipo de salud cuando aparecen situaciones como:

  • tos o atoros frecuentes durante las comidas;

  • dificultad persistente para tragar;

  • rechazo muy marcado o progresivo de alimentos o texturas;

  • dificultad importante para avanzar en las consistencias;

  • vómitos frecuentes relacionados con la alimentación;

  • sospecha de reacción alérgica;

  • preocupación por el crecimiento o la ganancia de peso;

  • comidas que habitualmente generan mucha angustia;

  • cualquier cambio importante en la forma en que el bebé come o bebe.

También es importante consultar si el niño pierde habilidades que ya había adquirido o si alimentarlo se está convirtiendo de manera persistente en una experiencia muy difícil para él o para la familia.

Una entrada de blog puede entregar orientaciones generales, pero no reemplaza una evaluación individual cuando existe una dificultad de alimentación.


🌿 Para recordar

La alimentación complementaria comienza generalmente alrededor de los 6 meses y complementa, no reemplaza de inmediato, la leche materna o fórmula. No existe un alimento universal que todos deban comer primero.

Durante esta etapa son importantes la variedad, el aporte de nutrientes —especialmente hierro—, la progresión de las texturas y la seguridad. Los alimentos potencialmente alergénicos no necesitan retrasarse de manera rutinaria una vez iniciada la alimentación complementaria, pero deben ofrecerse en preparaciones apropiadas para la edad y algunos bebés necesitan orientación profesional.

Los bebés pueden tocar, explorar, rechazar y volver a probar. También pueden necesitar distintos apoyos para aprender a comer.

Y algo especialmente importante: alimentar bien no significa conseguir que el bebé termine siempre la porción. También significa aprender a observarlo y respetar las señales que su cuerpo nos comunica.


Conclusión

Aprender a comer es un proceso. Comienza mucho antes de utilizar correctamente una cuchara y continúa durante los primeros años mientras el niño descubre sabores, texturas y nuevas maneras de participar en las comidas.

Habrá alimentos que acepte rápidamente y otros que necesitará conocer varias veces. Habrá días de mucho apetito y otros en que mostrará poco interés.

Los adultos ofrecemos alimentos nutritivos, seguridad, variedad y oportunidades. El bebé aporta sus propias señales, preferencias y ritmo de desarrollo.

Cuando ambas partes participan, la alimentación puede convertirse poco a poco en algo más que nutrirse: también puede ser una experiencia de autonomía, aprendizaje y encuentro.


💚 Consejo de la educadora

Cuando un bebé comienza a comer, es muy fácil concentrarnos solamente en las cantidades: “¿Cuántas cucharadas comió?”, “¿Terminó la porción?”, “¿Comió suficiente?”. Pero hay otros aprendizajes que muchas veces no caben en una medición.

Cuando toma un alimento con sus dedos, intenta llevarlo a la boca, aprende a beber de un vaso, prueba una textura diferente o nos muestra que ya está satisfecho, también está aprendiendo.

Si tira una cuchara, ensucia la mesa o necesita muchos intentos antes de aceptar un alimento, la experiencia no necesariamente ha sido un fracaso. Podemos acompañarlo diciendo: “Veo que quieres tomarlo tú”, “Ese sabor es nuevo” o “Parece que ya no quieres más”.

Poco a poco, además de aprender qué comer, el niño puede comenzar a desarrollar algo igualmente importante: la capacidad de participar en su alimentación y reconocer las señales de su propio cuerpo.


Fuentes consultadas

Organización Mundial de la Salud (OMS). WHO Guideline for Complementary Feeding of Infants and Young Children 6–23 Months of Age, 2023. Guía basada en evidencia sobre alimentación complementaria desde aproximadamente los 6 meses, diversidad y calidad de los alimentos, alimentación responsiva y continuidad de la lactancia durante esta etapa.

Organización Mundial de la Salud (OMS). Alimentación del lactante y del niño pequeño, actualización del 4 de agosto de 2026. Recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses, incorporación de alimentos complementarios nutricionalmente adecuados y seguros desde aproximadamente los 6 meses y continuación de la lactancia hasta los 2 años o más.

Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). Guía de Alimentación del Niño/a menor de 2 años y Guía de Alimentación hasta la Adolescencia. Edición 2024, publicada en 2026. Orientaciones nacionales sobre lactancia y alimentación complementaria, requerimientos de hierro, progresión de consistencias y texturas, consumo de agua, incorporación de alimentos potencialmente alergénicos, prevención del atragantamiento y alimentación respetuosa y responsiva.

Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). Recursos sobre lactancia materna y sobre el Programa Nacional de Alimentación Complementaria (PNAC). Incluyen orientaciones para favorecer y mantener la lactancia y antecedentes sobre el programa público de apoyo nutricional destinado, entre otros grupos, a niños y niñas menores de 6 años, personas gestantes y personas que amamantan.

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (Centers for Disease Control and Prevention, CDC). Recursos sobre nutrición de lactantes y niños pequeños, con orientaciones sobre introducción y progresión de los alimentos sólidos, señales de hambre y saciedad, prevención del atragantamiento y alimentos y bebidas que conviene evitar o limitar. Estos recursos han sido revisados y actualizados durante 2026.

Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP), HealthyChildren.org. When to Introduce Egg, Peanut Butter & Other Common Food Allergens to a Baby. Orientaciones actualizadas en 2025 sobre la introducción de huevo, maní y otros alimentos potencialmente alergénicos. Señalan que retrasar innecesariamente estos alimentos no previene las alergias y ofrecen recomendaciones diferenciadas para bebés con mayor riesgo, como aquellos con eccema grave o alergia al huevo.


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