Cómo fomentar el amor por la lectura desde la infancia

Revisado y actualizado: septiembre–octubre de 2026.

Muchos padres, madres y cuidadores sueñan con que los niños disfruten de los libros y descubran el placer de leer. Pero el gusto por la lectura no aparece de un día para otro ni necesita comenzar cuando el niño aprende a reconocer letras. Puede construirse mucho antes.

Escuchar una historia, mirar ilustraciones, elegir un libro, inventar qué está ocurriendo en una imagen o pedir que leamos nuevamente el mismo cuento son experiencias que van acercando a los niños al lenguaje escrito y al mundo de los libros.

La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda compartir libros con los niños desde la infancia temprana y destaca la lectura compartida como una oportunidad para conversar, fortalecer las relaciones y favorecer el desarrollo del lenguaje y de habilidades de alfabetización temprana.

Más que enseñar a leer de manera precoz, podemos proponernos algo mucho más sencillo: que los libros formen parte de experiencias agradables, cercanas y significativas.

📌 Ficha rápida

¿Cuándo podemos comenzar a leer cuentos a un bebé?
Desde los primeros meses de vida. No necesita comprender todavía la historia. Puede escuchar nuestra voz, observar las imágenes, tocar el libro y participar progresivamente de ese momento. La AAP recomienda comenzar a compartir libros desde la infancia.

¿Es necesario que un niño sepa leer para disfrutar de los libros?
No. Mucho antes de aprender a leer convencionalmente, puede explorar libros, mirar ilustraciones, escuchar historias, hacer preguntas e inventar sus propios relatos.

¿Leer cuentos puede favorecer el desarrollo del lenguaje?
Sí. La lectura compartida ofrece oportunidades para escuchar vocabulario, conversar y comprender historias. Una revisión sistemática y metaanálisis de 19 ensayos encontró efectos positivos de las intervenciones de lectura compartida sobre el lenguaje expresivo y receptivo infantil.

¿Qué pasa si quiere escuchar siempre el mismo cuento?
No es necesario preocuparse. Volver a una historia conocida permite anticipar lo que ocurrirá y reencontrarse con las mismas palabras en un contexto familiar. La investigación sobre lectura compartida respalda el valor que puede tener la repetición para el aprendizaje de vocabulario.

¿Tengo que hacer preguntas mientras leo?
No constantemente. Conversar puede enriquecer la experiencia, pero no necesitamos convertir cada cuento en una evaluación.


El gusto por la lectura comienza antes de saber leer

Antes de reconocer letras o descifrar palabras, los niños están construyendo conocimientos importantes sobre el lenguaje y los libros. Descubren que una historia puede comenzar y terminar, que las imágenes transmiten información, que algunas palabras se repiten, que un libro se puede volver a abrir y encontrar la misma historia y que las palabras sirven para nombrar, imaginar, preguntar y contar experiencias.

Estas experiencias forman parte de lo que conocemos como alfabetización emergente: conocimientos, habilidades y actitudes relacionados con la lectura y la escritura que comienzan a desarrollarse antes de la lectura convencional. Pero esto no significa transformar los primeros años en clases anticipadas de lectura. La alfabetización temprana también se construye conversando, jugando, escuchando historias, cantando, dibujando y explorando libros.


Leer juntos es mucho más que pronunciar las palabras de una página

Cuando pensamos en lectura compartida, podemos imaginar a un adulto leyendo desde el principio hasta el final mientras el niño escucha atentamente. A veces ocurrirá así, pero muchas otras no.

Un bebé puede intentar morder el libro. Un niño pequeño puede querer pasar tres páginas juntas. Otro puede detenerse durante varios minutos en una ilustración, interrumpir para contar algo, hacer una pregunta, recordar una experiencia o decidir que ya no quiere continuar. Todo eso puede formar parte de una experiencia con los libros.

La investigación sobre lectura compartida muestra que el valor de estos momentos no depende solamente de escuchar el texto. La conversación y la interacción alrededor del libro también son importantes. Por eso no necesitamos terminar siempre la historia para que el momento haya valido la pena.


¿Cómo podemos fomentar el amor por la lectura?

No existe una fórmula que garantice que un niño se convierta en un lector apasionado. Sí podemos crear condiciones que hagan más probable una relación positiva con los libros.

Por ejemplo:

  • leer con frecuencia, aunque algunos días sean solo unos minutos;

  • permitir que el niño elija entre diferentes libros;

  • dejar algunos libros a su alcance;

  • conversar sobre las ilustraciones;

  • relacionar una historia con algo vivido;

  • inventar historias juntos;

  • visitar bibliotecas cuando sea posible;

  • releer los cuentos favoritos;

  • mostrar que los adultos también recurrimos a libros y otros textos por interés o placer;

  • respetar cuando el niño ya no quiere continuar.

No necesitamos aplicar todas estas ideas. La lectura familiar no debería convertirse en otra tarea que los adultos deban realizar perfectamente.


Conversar mientras leemos, sin convertir el cuento en un examen

Una pregunta puede abrir una conversación:

“¿Qué crees que habrá dentro de esa caja?”

“¿Por qué estará triste este personaje?”

“¿Qué piensas que pasará ahora?”

Pero si después de cada página preguntamos:

“¿Qué pasó?”

“¿De qué color era?”

“¿Cómo se llamaba?”

“¿Te acuerdas?”

la lectura puede empezar a parecer una prueba.

También podemos simplemente comentar:

“Ese bosque parece enorme.”

“El personaje estaba esperando que alguien regresara.”

“Mira la cara que puso.”

O seguir leyendo. No todas las páginas necesitan una pregunta. Conversar sobre un libro debería ampliar la experiencia, no comprobar constantemente cuánto entendió el niño.


¿Es bueno leer muchas veces el mismo cuento?

Sí, si el niño sigue disfrutándolo. Los adultos solemos cansarnos mucho antes que ellos. Después de leer veinte veces el mismo cuento podemos pensar: “Tenemos tantos libros y siempre elige este”.

Pero una historia conocida ofrece algo que una historia nueva todavía no puede ofrecer: familiaridad. El niño puede anticipar una frase, completar una palabra, notar un detalle que antes había pasado inadvertido, comprender mejor lo que ocurre o simplemente disfrutar sabiendo exactamente lo que viene después.

Un metaanálisis sobre aprendizaje de palabras mediante lectura compartida encontró que factores como la repetición de las historias pueden contribuir al aprendizaje de vocabulario. Por eso, si vuelve una y otra vez al mismo cuento, no necesitamos apresurarlo a escoger uno diferente solamente porque nosotros ya lo conocemos de memoria.


Elegir libros: la edad orienta, pero no decide todo

Las edades que aparecen en los libros pueden servir como orientación, pero no son fronteras. Dos niños de la misma edad pueden tener intereses muy diferentes. Uno puede querer cuentos sobre animales, otro puede pasar semanas interesado en dinosaurios y otro prefiere vehículos. Uno disfruta historias largas y otro se siente más cómodo con libros breves y muchas ilustraciones.

Como referencia general, durante los primeros años pueden resultar atractivos:

En bebés y niños pequeños: libros resistentes, imágenes claras, fotografías, rimas, repeticiones y textos breves.

A medida que crece el lenguaje: historias sencillas, situaciones cotidianas, humor, animales, emociones y libros que permitan anticipar o repetir frases.

Durante la etapa preescolar: cuentos con tramas progresivamente más elaboradas, libros informativos, poesía, historias fantásticas y textos relacionados con sus intereses.

Pero un niño de 5 años puede seguir adorando un libro que conoció cuando tenía 2. Y no pasa nada. Un libro no deja de ser valioso simplemente porque la etiqueta editorial indique una edad menor.


Los intereses del niño también importan

A veces queremos fomentar la lectura, pero elegimos únicamente lo que los adultos consideramos que “debería” leer. También podemos entrar al mundo de sus intereses: animales, espacio, fútbol, vehículos, cocina, plantas, misterios, cómics, chistes, historias reales o mapas.

No todos los lectores se enamoran primero de una novela o de un cuento clásico. La Asociación Internacional de Alfabetización (International Literacy Association, ILA) incluye entre los derechos de los niños como lectores el acceso a textos diversos, materiales de calidad y oportunidades significativas para leer. El camino hacia la lectura puede comenzar por lugares muy diferentes.


No es necesario corregir cada palabra o respuesta

Si estamos compartiendo un cuento por placer, no hace falta detener continuamente la experiencia para enseñar. Si el niño señala una ilustración y dice: “Mira el guau”, podemos responder: “Sí, el perro está corriendo”. Así ofrecemos el modelo lingüístico sin transformar el momento en: “No se dice guau. Di perro”.

Lo mismo ocurre cuando interpreta una imagen de una manera inesperada. Podemos escuchar primero: “¿Por qué crees que está escondido?”. Muchas veces sus respuestas abren conversaciones que no habríamos imaginado.


¿Qué pasa si solamente quiere mirar las ilustraciones?

También está participando de una experiencia con el libro. Observar imágenes, señalar detalles, describir personajes e inventar historias son maneras valiosas de interactuar con los libros antes y durante el aprendizaje de la lectura.

No necesitamos decir: “Pero escucha el cuento”. Podemos seguir aquello que ha captado su atención. Si señala un gato: “Encontraste el gato. ¿Dónde estará yendo?”. Una ilustración puede convertirse en una conversación completa.


¿Y si no permanece sentado?

No todos los niños disfrutan la lectura de la misma manera. Algunos quieren sentarse muy cerca del adulto, otros necesitan moverse. Uno escucha mientras manipula un objeto y otro participa repitiendo frases. Algunos disfrutan libros táctiles o con fotografías, mientras otros prefieren escuchar una historia mientras dibujan.

No necesitamos utilizar como medida de interés lector permanecer completamente quieto, mantener contacto visual o escuchar siempre desde la primera hasta la última página.

Podemos adaptar el momento: una historia más breve, una posición diferente, una pausa, un libro sobre un interés muy específico, un espacio con menos estímulos o simplemente intentarlo en otro momento. Acercar los libros a los niños también significa reconocer que existen diferentes maneras de participar.


¿Y los cuentos digitales?

Los libros digitales y los audiocuentos también pueden formar parte de las experiencias lectoras de una familia. No necesitamos plantear una oposición absoluta entre papel y tecnología. Sin embargo, especialmente durante los primeros años, importa mucho cómo se utiliza el formato digital.

La AAP continúa dando especial importancia a los libros impresos con los niños pequeños. Su revisión de evidencia señala que determinados libros electrónicos —especialmente aquellos con muchas animaciones y elementos interactivos— pueden generar menos conversación y menor atención a la narración que los libros impresos.

Un estudio con adultos y niños pequeños encontró precisamente más intercambios verbales relacionados con el libro y mayor colaboración durante la lectura de libros impresos que con las versiones electrónicas estudiadas. Pero esto no significa que toda lectura en pantalla carezca de valor.

Si utilizamos un cuento digital podemos hacer pausas, comentar las ilustraciones, responder preguntas, hablar sobre los personajes y relacionar lo que ocurre con experiencias del niño. La pregunta puede ser menos: “¿Papel o pantalla?” y más: “¿Este formato está ayudando a compartir una historia o está desplazando la conversación?”.


¿Y los audiolibros?

También pueden ser una manera válida de disfrutar historias. Un audiolibro no sustituye el aprendizaje específico de decodificar palabras cuando un niño está aprendiendo a leer, pero sí permite acceder a narraciones, vocabulario e historias.

Puede resultar especialmente útil durante un viaje, para escuchar juntos, cuando un niño quiere disfrutar de una historia más compleja que su nivel actual de lectura independiente o cuando necesita otras vías de acceso al texto. Podemos conversar después sobre lo escuchado igual que haríamos con una historia leída en papel.


¿Qué pasa si en casa hay pocos libros?

Tener una gran biblioteca personal no es un requisito para construir experiencias lectoras. Podemos volver muchas veces a los mismos libros, intercambiarlos con familiares, utilizar bibliotecas públicas, leer cuentos disponibles en instituciones educativas, explorar libros informativos, inventar historias a partir de fotografías o contar historias familiares.

El acceso a los libros importa, pero fomentar la lectura no debería convertirse en una competencia por tener la mayor cantidad de ejemplares. Un pequeño grupo de libros queridos también puede generar muchas conversaciones.


Los adultos también mostramos para qué sirve leer

Los niños observan. Nos ven consultar una receta, leer una noticia, buscar información, seguir instrucciones, revisar un libro o leer por placer.

No necesitamos fingir que todos los adultos aman las novelas. Podemos mostrar que la lectura tiene muchos usos: “Voy a leer cómo se cuida esta planta”, “Quiero buscar qué significa esta palabra” o “Estoy leyendo este libro porque me interesa el tema”.

Así los niños descubren algo importante: leer no es solamente una tarea escolar. También es una herramienta para comprender, disfrutar, informarse y participar en el mundo.


Algunos errores que pueden alejar a los niños de la lectura

Muchas veces ocurren con buenas intenciones:

  • obligar a terminar cada libro;

  • convertir cada cuento en preguntas de comprensión;

  • corregir continuamente;

  • comparar cuánto lee un niño con otro;

  • elegir siempre por él;

  • utilizar la lectura como castigo;

  • decir que determinados libros “son demasiado fáciles” aunque todavía los disfrute;

  • premiar únicamente la cantidad de páginas;

  • transmitir que leer bien significa hacerlo rápido.

El objetivo no debería ser fabricar un lector perfecto. Podemos intentar construir una relación con la lectura en la que también haya curiosidad, elección, humor, descubrimiento y disfrute.


Preguntas frecuentes

¿Debo enseñarle las letras mientras leemos?

No es necesario convertir el cuento en una lección sobre letras. Si el niño pregunta: “¿Qué dice aquí?”, podemos responder. Si reconoce la letra de su nombre, podemos celebrarlo. Si quiere seguir escuchando la historia sin fijarse en las letras, también está bien.

La lectura compartida y la enseñanza sistemática de la lectura cumplen funciones diferentes.

¿Qué hago si no le gustan los cuentos?

Primero intentaría descubrir qué significa realmente “no le gustan”. Quizá no le interesa ese tipo de historia o tal vez es demasiado larga. Puede preferir libros informativos, cómics, humor, animales, fotografías, audiocuentos o simplemente otro momento del día.

En niños mayores, cuando existe un rechazo persistente hacia la lectura, también conviene observar si leer le resulta especialmente difícil. A veces lo que parece falta de motivación puede esconder frustración ante una tarea que requiere demasiado esfuerzo.

¿Tenemos que leer todos los días?

Crear cierta regularidad puede ayudar a integrar los libros en la vida cotidiana, pero no convertiría la lectura diaria en una regla que genere culpa. Habrá días con un cuento largo, otros con dos páginas y otros sin lectura.

Lo importante es que los libros tengan un lugar posible dentro de la vida familiar. Una relación positiva con la lectura se construye a lo largo del tiempo, no por cumplir una cantidad perfecta de minutos cada día.


🌿 Para recordar

El acercamiento a la lectura comienza mucho antes de que un niño aprenda a leer de manera convencional. Compartir libros ofrece oportunidades para conversar, escuchar nuevo vocabulario y desarrollar habilidades tempranas relacionadas con el lenguaje y la alfabetización.

No necesitamos enseñar a leer precozmente para disfrutar de los libros. Repetir cuentos puede ser valioso y los intereses del niño también deberían orientar nuestras elecciones. No todos necesitan escuchar un cuento sentados, quietos o de la misma manera.

Los libros digitales y audiocuentos pueden formar parte de las experiencias lectoras, aunque con niños pequeños conviene cuidar especialmente que la tecnología no desplace la conversación y la interacción.

Y, sobre todo: la lectura compartida no necesita convertirse en una clase para ser una experiencia de aprendizaje.


Conclusión

Los libros abren puertas a historias, preguntas, conocimientos y mundos que quizá nunca conoceríamos de otra manera. Pero fomentar el amor por la lectura no consiste en conseguir que un niño termine determinada cantidad de libros ni en apresurar el momento en que aprenderá a leer.

Podemos comenzar por algo mucho más sencillo: poner historias a su alcance, leer cuando exista la oportunidad, respetar sus intereses, repetir aquellos cuentos que le encantan y permitir que la conversación tome caminos inesperados.

No necesitamos que cada libro enseñe una lección. Tampoco necesitamos terminar siempre la última página. A veces basta con sentarnos juntos, abrir un libro y descubrir qué ocurre.

Porque el gusto por leer también puede comenzar en esos pequeños momentos en que una historia se convierte en tiempo compartido.


💚 Consejo de la educadora

Como educadora, muchas veces escucho a familias preocupadas porque sus hijos todavía no muestran interés por las letras, no permanecen sentados durante todo el cuento o quieren pasar rápidamente las páginas. Antes de preocuparnos, observaría qué sí está haciendo el niño.

¿Mira una ilustración? ¿Se ríe de una parte? ¿Busca siempre el mismo personaje? ¿Hace una pregunta? ¿Inventa una historia diferente? ¿Pide que repitamos una frase? ¿Escucha mientras juega?

También está participando.

No siempre necesitamos pedir: “Siéntate y escucha”. Podemos probar: “Muéstrame qué encontraste”, “¿Quieres que leamos esta parte?” o “Cuéntame qué está pasando aquí”.

El objetivo no es conseguir un niño perfectamente quieto frente a un libro. Es ayudarlo a descubrir que las historias, las palabras y las ideas también pueden ser un lugar al que vale la pena volver.


Fuentes consultadas

Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) (2024). Literacy Promotion: An Essential Component of Primary Care Pediatric Practice: Policy Statement. Declaración de política que recomienda promover la lectura compartida desde los primeros meses de vida y destaca los libros como una oportunidad para favorecer interacciones agradables y ricas en lenguaje, fortalecer las relaciones entre niños y cuidadores y apoyar la alfabetización temprana.

Dowdall, N. y colaboradores (2020). Shared Picture Book Reading Interventions for Child Language Development: A Systematic Review and Meta-Analysis. Child Development. Revisión sistemática y metaanálisis de 19 ensayos controlados aleatorizados con 2.594 niños de 1 a 6 años. Encontró efectos positivos, en promedio, de las intervenciones de lectura compartida sobre el lenguaje expresivo y receptivo.

Flack, Z. M., Field, A. P. y Horst, J. S. (2018). The effects of shared storybook reading on word learning: A meta-analysis. Developmental Psychology. Metaanálisis de 38 estudios con 2.455 niños que examinó el aprendizaje de palabras mediante lectura compartida y factores como el estilo de lectura, la repetición de las historias y las características de las palabras trabajadas.

Munzer, T. G. y colaboradores (2019). Differences in Parent-Toddler Interactions With Electronic Versus Print Books. Pediatrics. Estudio que encontró más interacción verbal relacionada con el contenido y mayor colaboración entre adultos y niños pequeños durante la lectura de los libros impresos analizados que durante la lectura de los libros electrónicos incluidos en el estudio.

Asociación Internacional de Alfabetización (International Literacy Association, ILA). Children’s Rights to Read. Iniciativa que promueve el derecho de todos los niños a acceder a la educación, las oportunidades, los textos y los recursos necesarios para desarrollar la lectura, incluida la posibilidad de elegir qué leer, acceder a textos diversos y disponer de experiencias significativas de alfabetización.


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