Terapias complementarias y alternativas: qué sabemos y cómo evaluarlas con seguridad
Bajo expresiones como “terapias alternativas” o “terapias complementarias” encontramos prácticas muy diferentes entre sí.
Algunas proceden de tradiciones culturales antiguas y otras son relativamente recientes. Algunas han sido investigadas para problemas de salud específicos y cuentan con cierta evidencia favorable, mientras que en otras los estudios son insuficientes, contradictorios o no han demostrado una eficacia superior a las intervenciones de comparación.
Por eso no resulta muy útil preguntar:
“¿Funcionan las terapias alternativas?”
Es una categoría demasiado amplia.
Una pregunta más adecuada sería:
“¿Qué sabemos sobre esta práctica concreta, utilizada para este problema concreto, y qué riesgos puede tener?”
También importa cómo se utiliza. No es lo mismo realizar una práctica para relajarse o acompañar determinados síntomas que utilizarla para sustituir una atención médica eficaz.
El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NCCIH, por sus siglas en inglés) distingue precisamente entre enfoques complementarios, alternativos e integrativos.

📌 Ficha rápida
Complementaria, alternativa e integrativa: una diferencia importante
En el lenguaje cotidiano solemos utilizar estas palabras como si fueran equivalentes, pero no significan exactamente lo mismo.
Si una persona recibe un tratamiento médico y, además, utiliza una práctica no convencional, hablamos de un enfoque complementario. Si abandona o sustituye el tratamiento convencional para utilizar exclusivamente esa práctica, hablamos de un enfoque alternativo.
La salud integrativa busca coordinar la atención convencional con determinados enfoques complementarios dentro de una atención más amplia de la persona.
Pero hay una precisión importante:
“integrativo” tampoco significa automáticamente “eficaz”.
Una intervención sigue necesitando ser evaluada de acuerdo con el problema para el cual se propone, sus beneficios, sus riesgos y la calidad de la evidencia disponible.
Imaginemos a una persona con dolor crónico que utiliza acupuntura junto con su seguimiento médico. No es la misma situación que alguien que decide no consultar por un síntoma importante porque un terapeuta le aseguró que puede tratarlo exclusivamente mediante una práctica alternativa.
El NCCIH recomienda no utilizar una intervención cuya seguridad y eficacia no estén establecidas para retrasar una consulta o sustituir un tratamiento eficaz.
No existe una sola “medicina alternativa”
Otro error frecuente consiste en evaluar todas estas prácticas como si fueran un único grupo.
Podemos escuchar:
“Las terapias alternativas funcionan.”
O, desde el extremo contrario:
“Nada alternativo sirve.”
Ambas afirmaciones son demasiado amplias.
Una técnica de respiración no es lo mismo que la homeopatía, un masaje no es lo mismo que un suplemento vegetal, la acupuntura no es lo mismo que el reiki y el yoga no es lo mismo que las terapias florales. Además, una misma intervención puede contar con evidencia para un objetivo y no para otros.
Por eso necesitamos preguntar:
¿Qué práctica es? ¿Para qué se propone? ¿Qué evidencia existe? ¿Cuáles son sus riesgos? ¿Complementará o sustituirá una atención necesaria?
Una mirada integral no pertenece exclusivamente a las terapias alternativas
A veces se escucha:
“En la medicina convencional solo miran la enfermedad y no a la persona.”
Algunas personas pueden haber vivido efectivamente consultas apresuradas, poca escucha o una atención fragmentada. Esa experiencia merece ser tomada en serio.
Pero de ahí no se desprende que la atención integral pertenezca exclusivamente a las terapias complementarias.
La atención sanitaria contemporánea también incorpora prevención, rehabilitación, salud mental, nutrición, actividad física, cuidados paliativos, factores sociales y modelos centrados en la persona.
Incluso el NCCIH utiliza actualmente el concepto de salud de la persona en su conjunto, considerando factores biológicos, conductuales, sociales y ambientales.
Podemos pedir una atención más humana, coordinada e integral sin aceptar automáticamente cualquier tratamiento que se presente como “holístico”.
¿Cómo sabemos si una terapia funciona?
La experiencia personal importa.
Si alguien dice:
“Después de esa sesión me sentí mucho más relajado”
no necesitamos negar lo que experimentó.
Pero esa observación responde principalmente a una pregunta:
“¿Cómo me sentí?”
No necesariamente responde a:
“¿Esta intervención trata eficazmente la enfermedad que tengo?”
Para responder esa segunda pregunta necesitamos estudios capaces de comparar resultados entre grupos, considerar el curso natural de una enfermedad, otros tratamientos simultáneos, expectativas, efectos contextuales y posibles sesgos.
El contexto de una intervención también puede influir realmente en experiencias como el dolor, la ansiedad o el bienestar. Eso no significa que esos cambios sean imaginarios, pero tampoco demuestra automáticamente que el mecanismo específico propuesto por una terapia sea correcto.
La experiencia personal puede ser verdadera y valiosa sin constituir, por sí sola, una prueba de eficacia médica.
Acupuntura: la respuesta depende del problema estudiado
La acupuntura es un buen ejemplo de por qué necesitamos evitar respuestas absolutas.
El NCCIH señala que existen resultados favorables para determinadas formas de dolor y algunas condiciones concretas. Entre ellas se han estudiado problemas como dolor lumbar o cervical, dolor asociado a artrosis de rodilla y algunas cefaleas.
Sin embargo, la magnitud de los efectos y la calidad de la evidencia varían. En varios estudios, las diferencias entre acupuntura y no recibir tratamiento han sido mayores que las diferencias entre acupuntura y procedimientos simulados.
Eso sugiere que pueden intervenir tanto efectos específicos de la técnica como factores relacionados con el contexto de la atención.
Por tanto, no sería correcto afirmar:
“La acupuntura está científicamente demostrada para cualquier enfermedad.”
Pero tampoco sería correcto decir que no existe ninguna investigación favorable.
La respuesta depende de qué condición se está intentando tratar.
También existen riesgos. Cuando se realiza de manera incorrecta pueden producirse infecciones, lesiones y, en situaciones poco frecuentes, complicaciones graves.
Por eso la formación del profesional y las condiciones de higiene y seguridad importan.
Homeopatía: regulación no significa eficacia demostrada
La homeopatía se desarrolló hace más de dos siglos y utiliza, entre otros principios, preparaciones altamente diluidas de sustancias que supuestamente producirían síntomas similares a los que se intenta tratar.
El NCCIH señala actualmente que existe poca evidencia que respalde la homeopatía como tratamiento eficaz para alguna condición específica.
Esto merece destacarse porque en Chile la homeopatía se encuentra regulada.
El Ministerio de Salud de Chile (MINSAL) reconoce y regula actualmente como profesiones auxiliares de la salud la acupuntura, la homeopatía y la naturopatía.
Pero:
que una profesión esté regulada significa que existen normas para su ejercicio; no demuestra que sus distintas afirmaciones terapéuticas hayan sido confirmadas científicamente.
Son preguntas diferentes.
También es importante saber que algunos productos etiquetados como homeopáticos pueden contener cantidades relevantes de ingredientes activos y producir efectos adversos o interacciones.
¿Y qué sabemos sobre el reiki?
El reiki suele describirse como una práctica en la que el terapeuta intenta canalizar o dirigir una supuesta energía mediante las manos.
Algunas personas pueden experimentar estas sesiones como relajantes, agradables o significativas. Esa experiencia puede ser real.
Pero el NCCIH señala que el reiki no ha demostrado claramente ser eficaz para ningún propósito relacionado con la salud. Los estudios disponibles presentan resultados inconsistentes o limitaciones de calidad.
Además, no existe evidencia científica que establezca la existencia del campo energético que se propone como mecanismo de acción del reiki.
Esto permite hacer una distinción importante:
una persona puede experimentar relajación durante una sesión sin que eso demuestre la existencia de una energía terapéutica ni que el reiki trate una enfermedad.
Hasta ahora tampoco se han identificado daños específicos importantes derivados de la práctica en sí. El principal riesgo aparece cuando se le atribuyen capacidades terapéuticas no demostradas o cuando sustituye una atención necesaria.
“Natural” no significa “seguro”
Esta es probablemente una de las ideas más importantes de toda la entrada.
Una planta puede ser natural y, al mismo tiempo, contener sustancias capaces de producir efectos muy potentes o tóxicos.
El origen natural de un producto no nos dice automáticamente si funciona, qué dosis es segura, si interactúa con medicamentos, si puede utilizarse durante el embarazo o la lactancia, si es adecuado para un niño, si puede afectar una enfermedad o si es seguro antes de una cirugía.
El NCCIH advierte que los productos herbarios pueden contener múltiples compuestos y presentar interacciones con medicamentos.
Un ejemplo conocido es la hierba de San Juan, que puede alterar la acción de diversos fármacos.
Esto no significa que todas las plantas o suplementos sean peligrosos.
Significa que:
“natural” no debería utilizarse como sinónimo de “inofensivo”.
Tampoco todos los suplementos son iguales
La palabra suplemento tampoco nos dice por sí sola si un producto es útil, innecesario o riesgoso.
Hay suplementos indicados por profesionales para determinadas deficiencias, etapas de la vida o condiciones concretas y cuya utilidad está bien establecida. Otros se comercializan prometiendo mejorar energía, memoria, defensas, peso, hormonas o numerosas enfermedades sin contar con evidencia suficiente.
Por eso necesitamos preguntar:
¿Qué producto es? ¿En qué dosis? ¿Quién lo utilizará? ¿Para qué problema? ¿Existe realmente una indicación?
La seguridad merece especial atención en niños, personas embarazadas o en período de lactancia, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y quienes toman varios medicamentos.
Si utilizas suplementos o hierbas, tu profesional de salud debería saberlo
A veces las personas no mencionan un suplemento porque no lo consideran un medicamento.
Pero esta información puede ser importante. Algunos productos pueden modificar el efecto de medicamentos, aumentar riesgos o no ser apropiados antes de una cirugía o frente a determinadas condiciones de salud.
El NCCIH recomienda informar a los profesionales sanitarios sobre todos los suplementos, hierbas y prácticas complementarias que utilizamos.
No debería dar vergüenza preguntar:
“Estoy utilizando esto. ¿Puede interactuar con alguno de mis medicamentos?”
Una buena atención sanitaria debería permitir hablar sobre estas decisiones sin burlas y, al mismo tiempo, ofrecer información basada en evidencia.
¿Qué ocurre con el chi, el ki, el prana o la “energía vital”?
Distintas tradiciones culturales han utilizado conceptos como qi o chi, ki, prana y otras formas de energía vital para explicar la salud, el equilibrio o determinadas experiencias humanas.
Estos conceptos pueden tener un profundo valor histórico, espiritual, cultural o filosófico dentro de las tradiciones donde surgieron. Ese valor merece respeto.
Pero cuando se presentan como una energía biológica medible que puede diagnosticarse, transferirse o manipularse para tratar enfermedades, esa afirmación necesita evidencia científica.
Hasta ahora, estos mecanismos no han sido establecidos como fenómenos fisiológicos demostrados en la forma en que suelen describirse terapéuticamente.
Podemos respetar una tradición sin convertir automáticamente una explicación cultural o espiritual en un mecanismo biológico comprobado.
Son planos diferentes.
“A mí me funciona”: ¿qué hacemos con la experiencia personal?
Una persona puede decir:
“El reiki me relaja.”
“Después del masaje duermo mejor.”
“La meditación me ayuda a sentirme más tranquila.”
“Esta práctica me hace sentir acompañada.”
No necesitamos responder:
“Eso no te puede estar pasando.”
Si una experiencia produce relajación, disfrute, alivio o sensación de bienestar, esa experiencia importa.
La pregunta cambia cuando se afirma:
“Por lo tanto, esta técnica cura una enfermedad determinada.”
Ahí necesitamos otro nivel de evidencia.
Esta distinción nos ayuda a evitar dos extremos: despreciar las experiencias personales o convertir cualquier experiencia favorable en una demostración de eficacia médica.
Bienestar y tratamiento no son exactamente lo mismo
Escuchar música, recibir un masaje, pasear por un jardín, meditar, practicar yoga, conversar con alguien o participar en una actividad espiritual son experiencias que pueden contribuir al bienestar.
Algunas prácticas, además, han mostrado efectos sobre determinados síntomas o condiciones de salud cuando se estudian de manera específica.
Pero que algo nos haga sentir mejor no demuestra por sí solo que trate una enfermedad.
Para afirmar un efecto terapéutico necesitamos evaluar esa intervención concreta para ese problema concreto.
El error aparece cuando confundimos automáticamente bienestar, alivio de un síntoma, tratamiento y curación.
No significan exactamente lo mismo.
Medicina tradicional y cultura: respeto no significa dejar de evaluar
La medicina tradicional forma parte de la historia y de la identidad de muchas comunidades.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce expresamente la relevancia cultural de muchos conocimientos y prácticas tradicionales. Al mismo tiempo, plantea la necesidad de fortalecer la investigación, la seguridad, la regulación y la evaluación de su eficacia.
Estas ideas pueden convivir.
Podemos respetar un conocimiento tradicional y estudiar sus efectos. Podemos proteger el patrimonio cultural y preguntar por seguridad. Podemos escuchar la experiencia de una comunidad sin afirmar que cada explicación o tratamiento tradicional ha quedado científicamente demostrado.
Respeto cultural y evaluación crítica no tienen por qué ser enemigos.
Chile cuenta con una política específica sobre medicina complementaria
En agosto de 2024, el Ministerio de Salud de Chile aprobó la Política de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar de la Salud, destinada a orientar normas, programas y acciones en este ámbito con criterios de calidad, seguridad y efectividad.
Chile cuenta además con regulación específica para la acupuntura, mediante el Decreto N.º 123 de 2006; la homeopatía, mediante el Decreto N.º 19 de 2009; y la naturopatía, mediante el Decreto N.º 5 de 2012.
Existen también otras prácticas complementarias y de bienestar presentes en distintos contextos que no cuentan necesariamente con el mismo tipo de reconocimiento o regulación.
Por eso, cuando alguien afirma:
“Esta terapia está reconocida por el Ministerio de Salud”
conviene hacer una segunda pregunta:
“¿Reconocida de qué manera?”
Estar mencionada en una política pública, ser utilizada en determinados establecimientos, estar regulada como profesión y contar con eficacia clínica demostrada no son exactamente lo mismo.
La Organización Mundial de la Salud también pide fortalecer la evidencia
En mayo de 2025, la Organización Mundial de la Salud adoptó su Estrategia Mundial sobre Medicina Tradicional 2025–2034.
Entre sus objetivos se encuentran fortalecer la base de evidencia, mejorar la seguridad y regulación y avanzar hacia una integración apropiada cuando esté justificada.
Esto no significa que la OMS afirme que todas las terapias tradicionales o complementarias funcionan. Significa precisamente que necesitamos investigar mejor qué intervenciones pueden aportar beneficios, para qué condiciones, en qué personas, con qué riesgos y bajo qué condiciones resulta razonable integrarlas a los sistemas de salud.
En septiembre de 2026, la OMS publicó además su Agenda mundial de prioridades de investigación sobre medicina tradicional, complementaria e integrativa 2025–2034. El documento identifica importantes necesidades de investigación relacionadas con eficacia, seguridad, regulación, prestación de servicios e integración.
La existencia de esta agenda no demuestra que todas las prácticas sean eficaces.
Al contrario:
refleja que todavía existen importantes vacíos de conocimiento.
Señales que justifican mayor precaución
Conviene detenerse y buscar más información o una segunda opinión cuando alguien:
promete una curación garantizada;
asegura que una misma terapia sirve para enfermedades muy diferentes;
afirma que el tratamiento convencional “solo oculta los síntomas”;
pide suspender medicamentos o tratamientos sin coordinación con el profesional que los indicó;
asegura que un producto no puede tener efectos adversos porque es natural;
desaconseja consultar con médicos u otros profesionales de salud;
utiliza testimonios como principal prueba de eficacia;
culpa a la persona porque el tratamiento “no funcionó porque no creyó suficiente”;
afirma que una enfermedad está causada por bloqueos energéticos sin ofrecer evidencia verificable;
vende al mismo tiempo el diagnóstico, la explicación y un producto exclusivo que supuestamente solucionará el problema;
utiliza vocabulario científico sin mostrar estudios o fuentes que permitan comprobar sus afirmaciones.
Ninguna de estas situaciones demuestra por sí sola que exista fraude.
Pero sí justifican hacer más preguntas.
Preguntas útiles antes de probar una terapia
No necesitamos convertirnos en investigadores para tomar decisiones más informadas.
Podemos preguntarnos:
¿Para qué quiero utilizarla?
¿Qué evidencia existe específicamente para ese objetivo?
¿Qué riesgos o efectos adversos se conocen?
¿Puede interactuar con medicamentos o suplementos que ya utilizo?
¿Quién realiza la práctica y qué formación posee?
¿Está regulada en Chile y qué significa exactamente esa regulación?
¿La utilizaré como complemento o me están proponiendo reemplazar una atención que necesito?
¿El profesional conoce mis diagnósticos y tratamientos actuales?
¿La información que recibí proviene únicamente de quien vende el tratamiento?
Una terapia o un profesional que merece confianza debería permitir preguntas.
Una decisión informada no necesita partir de extremos
No tenemos que elegir entre:
“Solo creo en lo natural.”
y:
“Todo lo que no sea medicina convencional es absurdo.”
Podemos adoptar una postura más útil: preguntar, buscar evidencia, reconocer incertidumbre, valorar la experiencia personal sin confundirla con una prueba clínica, respetar tradiciones culturales, considerar el contexto de cada persona y mantener como prioridad la seguridad.
Alguien puede decidir que una práctica le aporta relajación, significado espiritual o bienestar y utilizarla siempre que resulte segura.
El problema aparece cuando se le atribuyen beneficios no demostrados, se ocultan riesgos o se utiliza para sustituir una atención eficaz que la persona necesita.
🌿 Para recordar
“Terapia complementaria” y “terapia alternativa” no significan lo mismo. La evidencia debe evaluarse práctica por práctica y objetivo por objetivo.
“Natural” no significa automáticamente seguro, y un suplemento puede ser útil, innecesario o riesgoso dependiendo del producto, la dosis y la persona.
Una práctica regulada no necesariamente tiene eficacia demostrada. Del mismo modo, una experiencia subjetiva de bienestar puede ser valiosa sin demostrar que una enfermedad está siendo tratada.
Los conceptos tradicionales pueden tener importancia cultural o espiritual sin constituir por ello mecanismos fisiológicos demostrados.
Y comunicar a los profesionales de salud todo lo que utilizamos —incluidos suplementos y hierbas— puede ayudar a prevenir interacciones y riesgos.
No necesitamos elegir entre respeto y pensamiento crítico. Podemos conservar ambos.
Conclusión
Las personas han buscado maneras de aliviar el dolor, recuperar bienestar y cuidar su salud desde mucho antes de que existiera la medicina moderna. Muchas de esas prácticas continúan formando parte de tradiciones familiares, culturales y espirituales.
Algunas han generado preguntas que posteriormente han sido investigadas científicamente. Otras no han mostrado los beneficios que se les atribuían y en muchas todavía existe incertidumbre.
Por eso, quizás la pregunta más útil no sea:
“¿Creo o no creo en las terapias alternativas?”
Sino:
“¿Qué sabemos realmente sobre esta práctica, para este problema, y qué decisión resulta más segura?”
Podemos estar abiertos a nuevas evidencias sin aceptar todas las afirmaciones. Y podemos ser críticos sin ridiculizar las experiencias o creencias de otras personas.
Ese equilibrio puede ayudarnos a tomar decisiones mucho más informadas.
💚 Consejo de la educadora
Hay una pregunta que me parece especialmente útil cuando alguien dice:
“A mí me funcionó.”
En lugar de discutir inmediatamente, podemos preguntar:
“¿Qué significa para ti que funcionó?”
Tal vez la persona quiere decir “me relajó”, “me dolía menos”, “dormí mejor” o “me sentí acompañada”.
O quizá está diciendo:
“Creo que curó mi enfermedad.”
Son afirmaciones diferentes y necesitan niveles de evidencia diferentes.
Como educadora, creo que enseñar pensamiento crítico no significa enseñar a desconfiar de todo.
Significa aprender a distinguir:
experiencia, opinión, tradición, hipótesis y evidencia.
Y esa habilidad sirve mucho más allá de las terapias complementarias.
Fuentes consultadas
Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NCCIH, por sus siglas en inglés). Recursos sobre salud complementaria, alternativa e integrativa y criterios para tomar decisiones informadas sobre seguridad y eficacia.
Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH). Acupuncture: Effectiveness and Safety. Información actualizada sobre evidencia y riesgos de la acupuntura para distintas condiciones.
Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH). Homeopathy. Información sobre evidencia, seguridad y posibles riesgos de los productos homeopáticos.
Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH). Reiki. Revisión de la evidencia disponible sobre reiki y de la falta de respaldo científico para el supuesto campo energético propuesto como mecanismo de acción.
Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH). Recursos sobre hierbas y suplementos dietéticos, posibles interacciones con medicamentos y la importancia de informar al equipo de salud sobre todos los productos utilizados.
Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). Política de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar de la Salud, aprobada mediante Resolución Exenta N.º 1160 del 28 de agosto de 2024, además de normativa relativa a acupuntura, homeopatía y naturopatía.
Organización Mundial de la Salud (OMS). Estrategia Mundial sobre Medicina Tradicional 2025–2034. Marco internacional destinado a fortalecer evidencia, seguridad, regulación e integración apropiada de la medicina tradicional, complementaria e integrativa.
Organización Mundial de la Salud (OMS) (2026). WHO global research priorities and agenda for traditional, complementary and integrative medicine 2025–2034. Publicada el 16 de septiembre de 2026 para orientar investigación sobre eficacia, seguridad, regulación, integración y prestación de servicios.
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