No es solo apariencia: autocuidado y bienestar en cada etapa de la vida

Nuestro cuerpo cambia durante toda la vida. Crecemos, la piel y el cabello se transforman, aparecen cicatrices, canas, arrugas y otras señales del paso del tiempo. También pueden cambiar nuestra fuerza, nuestra energía, nuestras rutinas y la cantidad de ayuda que necesitamos para determinadas actividades.

Sin embargo, cuando hablamos de “cuidarnos”, es fácil que pensemos primero en la apariencia: vernos mejor, pesar menos, disimular una arruga, ocultar una cana o intentar alcanzar determinado tipo de cuerpo.

El autocuidado puede incluir sentirnos cómodos con nuestra apariencia, utilizar productos cosméticos, elegir ropa que nos guste o preocuparnos por cómo nos vemos si eso es importante para nosotros. Pero es mucho más amplio.

También implica alimentarnos, descansar, movernos dentro de nuestras posibilidades, proteger nuestra piel, mantener nuestra higiene, atender nuestra salud, reconocer cuándo necesitamos ayuda y tratar nuestro cuerpo con respeto a medida que cambia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone precisamente una mirada de curso de vida: nuestra salud y nuestras capacidades se van construyendo y transformando desde la infancia hasta la vejez mediante la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.

Cuidarnos, entonces, no debería significar intentar mantener nuestro cuerpo siempre igual.

También puede significar aprender a responder a lo que necesita ahora.

📌 Ficha rápida

¿Autocuidado significa preocuparse por la apariencia?
No. La imagen personal puede formar parte del autocuidado, pero también lo hacen la alimentación, el descanso, el movimiento, la higiene, la protección solar, la atención de salud, el bienestar emocional y aquellas actividades que nos ayudan a sentirnos bien.

¿Las necesidades de autocuidado cambian con la edad?
Sí. Lo que necesita un bebé no es lo mismo que necesita un adolescente, un adulto o una persona mayor. Las capacidades, responsabilidades y necesidades de apoyo también pueden cambiar a lo largo de la vida.

¿Actividad física significa necesariamente hacer deporte?
No. Caminar, jugar, bailar, desplazarse, realizar tareas cotidianas o participar en actividades adaptadas también pueden implicar movimiento.

¿Cómo podemos enseñar a los niños a cuidar su cuerpo?
Poniendo el foco en salud, comodidad, higiene, descanso, alimentación, movimiento y respeto por el cuerpo, sin enseñarles a vigilar permanentemente su apariencia.

¿Pedir ayuda significa perder autonomía?
No. Una persona también puede ejercer autonomía decidiendo qué quiere hacer por sí misma, qué apoyo necesita y cómo desea recibirlo.

Cuidarnos no significa perseguir un cuerpo perfecto

Podemos cepillarnos el cabello porque nos resulta agradable, maquillarnos, utilizar productos cosméticos, elegir ropa que nos hace sentir cómodos o decidir no hacer ninguna de esas cosas.

El problema aparece cuando el cuidado del cuerpo se convierte en una obligación permanente por corregirlo.

“Tengo que esconder esto.”

“No debería verme así.”

“Este cuerpo no es suficientemente bueno.”

“Envejecer significa dejar de ser atractivo.”

Nuestro cuerpo no tiene que permanecer joven, delgado, fuerte o sin marcas para merecer cuidado.

Podemos querer cambiar algo de nuestra apariencia y, al mismo tiempo, reconocer que nuestro valor como personas no depende de alcanzar un determinado ideal estético.

Tampoco necesitamos irnos al extremo contrario y considerar superficial a quien disfruta de la ropa, el maquillaje o el cuidado personal.

La apariencia puede formar parte del bienestar.

Simplemente no necesita convertirse en la medida de cuánto valemos ni de cuánto nos cuidamos.


Bebés: cuidar significa proteger y responder

Durante los primeros años, el cuidado del cuerpo depende principalmente de los adultos.

Un bebé necesita alimentación, higiene, descanso, protección frente al frío, el calor y el sol, atención de salud, oportunidades para moverse con seguridad y adultos disponibles que respondan a sus señales.

En esta etapa no enseñamos autocuidado mediante una lista de hábitos. Lo enseñamos fundamentalmente cuidando: cuando respondemos al llanto, cambiamos un pañal, protegemos su piel, observamos señales de hambre y saciedad o permitimos que explore su entorno de manera segura.

Poco a poco, el niño comenzará a participar más activamente. Primero colaborará mientras lo vestimos o lavamos sus manos; después intentará hacer algunas de esas tareas por sí mismo.

El camino hacia el autocuidado comienza mucho antes de que pueda hacerse cargo de él de manera independiente.


Infancia: aprender poco a poco a cuidarse

Durante la infancia podemos ir entregando pequeñas responsabilidades de acuerdo con la edad y las capacidades de cada niño.

Lavarse las manos, cepillarse los dientes con el apoyo necesario, elegir entre algunas prendas, participar en la preparación de alimentos, guardar elementos de higiene o avisar cuando algo duele son aprendizajes que se construyen gradualmente.

También puede aprender a identificar algunas señales corporales: reconocer que tiene frío, calor, hambre, sed o cansancio y pedir ayuda cuando la necesita.

Esto no ocurre de una vez.

Un niño puede saber perfectamente que tiene que lavarse los dientes y todavía necesitar un recordatorio. Puede querer vestirse solo y requerir ayuda con un botón. Puede intentar servirse agua y derramarla.

Todo eso también forma parte del aprendizaje.

La autonomía no aparece cuando dejamos de ayudar. Se construye cuando vamos ajustando la ayuda a aquello que el niño ya puede hacer.


Cuidar el cuerpo no significa evaluarlo

Hay una diferencia importante entre enseñar:

“Necesitamos cuidar nuestro cuerpo.”

y transmitir:

“Necesitamos conseguir que nuestro cuerpo se vea de determinada manera.”

Durante la infancia podemos hablar de lo que el cuerpo necesita y de aquello que nos permite hacer. Podemos explicar que comemos para nutrirnos y obtener energía, que dormimos porque necesitamos descansar, que nos lavamos para cuidar nuestra higiene y que utilizamos sombra, ropa o protector solar para proteger la piel.

Eso es diferente de escuchar constantemente comentarios como:

“Eso engorda.”

“Mira qué flaca está.”

“Tienes que cuidar la figura.”

“Yo no puedo comer eso porque estoy gorda.”

La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda prestar atención a las conversaciones familiares sobre peso, alimentación y apariencia.

Los niños no copiarán necesariamente cada opinión que escuchen, pero esas conversaciones forman parte del ambiente en el que aprenden qué significa tener un cuerpo y relacionarse con él.


Adolescencia: un cuerpo que cambia rápidamente

La pubertad puede transformar el cuerpo en relativamente poco tiempo. Aparece vello, cambian la piel, el olor, la forma corporal y la voz, se desarrollan los genitales y puede comenzar la menstruación.

Además, no todas las partes del cuerpo cambian al mismo ritmo.

Todo esto ocurre en una etapa en que la comparación con otras personas puede adquirir especial importancia.

Las redes sociales añaden otra dimensión. La AAP señala que la exposición a imágenes seleccionadas, editadas o idealizadas puede influir en la confianza y en la imagen corporal de algunos jóvenes, especialmente cuando existe comparación frecuente.

El efecto no es igual para todos los adolescentes ni depende únicamente del tiempo que pasan frente a una pantalla. También importan el contenido que consumen, su situación personal, sus relaciones y otros factores.

Por eso puede ser útil conversar sobre algo que parece evidente, pero no siempre lo es: una fotografía no necesariamente representa cómo luce una persona en su vida cotidiana.

Puede haber sido elegida entre muchas, tomada desde un ángulo específico, editada, filtrada o incluso creada digitalmente.


Evitemos convertir cada cambio corporal en un defecto

Durante la adolescencia pueden aparecer acné, estrías y cambios en el peso o en la distribución de la grasa corporal.

No todas estas transformaciones necesitan convertirse en una batalla estética.

Podemos atender aquello que produce molestias, dolor o requiere una evaluación de salud sin transmitir:

“Tu cuerpo está mal y hay que arreglarlo.”

Cuidar una necesidad real no es lo mismo que aumentar la presión por ajustarse a un ideal corporal.

Y tampoco necesitamos ignorar una preocupación solo porque algunos cambios sean esperables en la pubertad.

Si la preocupación por el peso o la apariencia se vuelve intensa, modifica la alimentación o el ejercicio, afecta el estado de ánimo, las relaciones o la vida cotidiana, conviene pedir orientación profesional.


Adultez: cuidarnos sin exigirnos perfección

En la adultez aparece otra dificultad: muchas veces sabemos bastante bien qué cosas nos hacen bien, pero encontrar espacio para ellas no siempre es sencillo.

El trabajo, el cuidado de hijos u otras personas, las tareas domésticas, los problemas económicos y muchas otras responsabilidades pueden llenar nuestros días.

Entonces el autocuidado corre el riesgo de convertirse en una obligación más:

“Además de todo lo que hago, debería hacer ejercicio, cocinar perfecto, meditar, dormir ocho horas, tener la casa ordenada y verme bien.”

Eso no necesariamente produce bienestar.

A veces cuidarnos consiste en hacer algo más: salir a caminar, acudir a un control que hemos postergado o preparar una comida que disfrutamos.

Otras veces significa exigirnos menos, pedir ayuda, descansar, decir que no o simplemente sentarnos un momento.

El autocuidado no necesita convertirse en una nueva competencia.


Movimiento: no existe una única manera correcta

La actividad física puede adquirir formas muy diferentes durante la vida.

Para un niño puede consistir en jugar, correr, trepar o desplazarse. Un adulto puede caminar, bailar, practicar un deporte, andar en bicicleta o realizar actividades cotidianas que impliquen movimiento.

En las personas mayores, mantener algún grado de actividad también puede incluir caminar, realizar ejercicios adaptados y, cuando sea apropiado para su situación, trabajar capacidades como fuerza o equilibrio.

Para una persona con discapacidad, la actividad puede realizarse de muchas otras maneras: mediante movimientos sentado, desplazamiento en silla de ruedas, deporte adaptado o ejercicios realizados incluso estando acostado.

Las directrices de la OMS sobre actividad física incluyen recomendaciones para niños y adolescentes, adultos, personas mayores, mujeres durante el embarazo y posparto, y personas que viven con enfermedades crónicas o discapacidad.

Por eso no deberíamos reducir el movimiento a:

“ir al gimnasio”

o:

“hacer deporte intensamente.”

Lo importante es encontrar formas posibles, seguras y significativas para cada persona.


Alimentarnos también es una forma de cuidado

Comer no significa solamente incorporar nutrientes. La alimentación también forma parte de nuestra vida familiar, cultural, social y afectiva.

Las Guías Alimentarias para Chile del Ministerio de Salud de Chile (MINSAL) incorporan precisamente dimensiones biológicas, sociales y ambientales de la alimentación. Entre sus orientaciones se encuentran favorecer alimentos frescos, frutas y verduras, legumbres, agua y experiencias de alimentación compartida, entre otros mensajes.

Esto permite alejarnos de dos extremos: pensar que comer de manera saludable exige una alimentación perfecta o reducir la alimentación exclusivamente al peso corporal.

Podemos procurar variedad y hábitos que favorezcan la salud sin transformar cada elección alimentaria en un juicio moral sobre nosotros mismos ni reducir los alimentos a categorías rígidas de “buenos” y “malos”.

Y cuando existen necesidades médicas específicas, alergias, dificultades de alimentación, problemas de deglución u otras condiciones, las recomendaciones generales pueden necesitar adaptaciones profesionales.


Proteger la piel también es autocuidado

Cuidar nuestra piel no significa intentar evitar que envejezca.

También significa protegerla de daños prevenibles.

En su campaña Verano 2025-2026: Altas Temperaturas, el MINSAL recomienda buscar sombra, utilizar ropa que cubra la piel, sombrero de ala ancha y lentes con protección ultravioleta, además de aplicar protector solar con factor de protección solar 30 o superior en las zonas expuestas y reaplicarlo periódicamente.

En el caso de los niños pequeños, estas orientaciones recomiendan evitar la exposición directa al sol en menores de 2 años. Para bebés menores de 6 meses, la protección debe centrarse especialmente en evitar la exposición, buscar sombra y utilizar ropa apropiada, sin recurrir al protector solar como medida principal.

Son recomendaciones especialmente relevantes en Chile durante los períodos de altas temperaturas y elevada radiación ultravioleta.


El cuerpo cambia, y eso también forma parte de vivir

Nuestro cuerpo de los 50 años no será el mismo que teníamos a los 20, ni el de los 80 será igual al de los 50.

Eso puede generar emociones diferentes.

Algunas personas aceptan estos cambios con facilidad. Otras pueden sentir tristeza, incomodidad o nostalgia por capacidades que tenían antes.

No necesitamos exigirnos:

“Tengo que amar mi cuerpo todos los días.”

Quizá podamos aspirar a algo más realista:

tratarlo con respeto incluso los días en que no nos gusta todo lo que vemos.

Aceptar que el cuerpo cambia no significa que debamos sentirnos felices con cada transformación. Significa reconocer que envejecer y cambiar forman parte de vivir.


Personas mayores: cuidar también es favorecer la autonomía

La vejez tampoco es una sola experiencia.

Hay personas mayores que viven de manera completamente independiente, otras necesitan apoyo en algunas actividades y otras requieren ayuda más frecuente. Incluso en una misma persona esas necesidades pueden cambiar con el tiempo.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (National Institute on Aging, NIA) explica que con los años la piel puede hacerse más fina, menos elástica y más seca, y que algunas personas desarrollan mayor fragilidad cutánea y tendencia a presentar hematomas.

Pero en esta etapa hay algo incluso más importante que adaptar los cuidados físicos:

necesitar ayuda no elimina el derecho a decidir.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través del enfoque de Atención Integrada para las Personas Mayores (Integrated Care for Older People, ICOPE), promueve una atención centrada en la persona y en sus metas, necesidades y preferencias.

Una persona puede necesitar ayuda para bañarse y aun así elegir cuándo hacerlo. Puede necesitar apoyo para vestirse y decidir qué ropa quiere utilizar, o no poder cocinar de forma independiente y seguir participando en las decisiones sobre sus comidas.

La autonomía no significa necesariamente hacerlo todo sin ayuda. También significa participar en las decisiones que afectan nuestra propia vida.


Ayudar sin reemplazar innecesariamente

Cuando queremos cuidar a alguien, existe una tentación comprensible: hacer rápidamente por esa persona aquello que le resulta difícil.

Pero cuando sea seguro y la persona quiera participar, podemos preguntarnos:

“¿Qué parte desea o puede seguir haciendo y qué apoyo necesita?”

Una persona mayor quizá tarde más en abotonarse. Un niño puede necesitar más tiempo para ponerse los zapatos. Una persona con discapacidad puede utilizar una herramienta diferente para realizar una tarea.

Dar tiempo y adaptar el apoyo puede permitir que siga participando.

Esto no significa dejar sola a una persona frente a algo que realmente no puede hacer o que le provoca dolor, agotamiento o riesgo.

Significa buscar un equilibrio entre ayudar cuando se necesita y conservar oportunidades de participación cuando son posibles y deseadas.


El autocuidado también puede ser accesible

No todas las recomendaciones sirven para todas las personas.

Decir “sal a correr” no ayuda a quien no puede hacerlo. Recomendar “cocinar siempre desde cero” puede ser poco realista para alguien con dificultades motoras, sensoriales o cognitivas, poco tiempo o recursos económicos limitados.

Incluso una recomendación aparentemente sencilla como “relájate tomando un baño” puede no tener sentido para una persona que necesita apoyo para bañarse.

Por eso podemos hacernos una pregunta diferente:

¿Cómo puede adaptarse esta actividad a la vida real de esta persona?

Quizá el movimiento pueda realizarse sentado, la comida necesite una textura diferente, una rutina de higiene requiera apoyos visuales o la ropa necesite cierres más accesibles.

El objetivo no es cumplir una versión idealizada del autocuidado. Es encontrar estrategias que realmente puedan utilizarse.


Cuando “cuidarse” empieza a convertirse en presión

Existe una enorme industria alrededor del autocuidado: productos, dietas, suplementos, rutinas, tratamientos, aplicaciones y programas que prometen ayudarnos a sentirnos mejor.

En ocasiones, el mensaje termina siendo:

“Si no estás bien, es porque no te estás cuidando lo suficiente.”

Pero nuestra salud no depende únicamente de nuestras decisiones individuales.

El enfoque de curso de vida de la OMS recuerda que la salud está influida también por factores sociales, económicos, ambientales, psicológicos y biológicos que se acumulan e interactúan a lo largo del tiempo.

Podemos tomar decisiones saludables dentro de nuestras posibilidades.

Pero el autocuidado no debería convertirse en una explicación para culpabilizar a una persona que está enferma, agotada o necesita ayuda.

Cuidarnos no garantiza que nunca enfermaremos.


Los niños también aprenden escuchando cómo hablamos de nuestros cuerpos

Podemos decir a un niño:

“Tu cuerpo merece respeto.”

y después mirarnos al espejo y decir:

“Qué horrible estoy.”

Podemos hablar de alimentación saludable mientras comentamos constantemente nuestro peso o expresamos culpa después de comer.

Los niños no copian automáticamente cada cosa que escuchan, pero nuestras conversaciones forman parte del ambiente en el que aprenden qué significa tener un cuerpo.

La AAP recomienda prestar atención al lenguaje familiar sobre peso, alimentación, apariencia e imagen corporal y favorecer una mirada centrada en salud y bienestar más que en críticas constantes.

No necesitamos fingir que adoramos cada parte de nuestro cuerpo.

Podemos mostrar algo más real: “Hay cosas de mi cuerpo que a veces me cuesta aceptar, pero no quiero tratarme mal por eso.” Ese también puede ser un mensaje educativo.


🌿 Para recordar

El autocuidado es mucho más amplio que la apariencia. Nuestras necesidades cambian durante la vida y también puede cambiar la cantidad de apoyo que necesitamos.

Moverse no significa necesariamente practicar un deporte intenso. Alimentarnos bien no requiere comer de manera perfecta y cuidar nuestra piel no significa impedir que envejezca.

Necesitar ayuda tampoco elimina automáticamente nuestra autonomía.

Y cuidar nuestro cuerpo no debería transformarse en una obligación permanente de corregirlo.

Quizá una buena pregunta no sea solamente:

“¿Cómo me veo?”

sino también:

“¿Qué necesita mi cuerpo en esta etapa de mi vida?”


Conclusión

Durante una parte de nuestra vida serán otros quienes nos cuiden casi por completo. Después aprenderemos a realizar muchas cosas por nosotros mismos y, con el paso de los años, quizá volvamos a necesitar ayuda para algunas de ellas.

No hay fracaso en ese recorrido. Es parte de ser humanos. Nuestros cuerpos crecerán, cambiarán y envejecerán. Algunas transformaciones nos gustarán y otras no.

Podemos intentar cuidar nuestra salud y bienestar sin convertir la apariencia en la medida de cuánto nos cuidamos. Porque cuidarnos no significa conservar un cuerpo perfecto.

Significa aprender a vivir dentro de un cuerpo real y responder a sus necesidades con respeto durante cada etapa de nuestra vida.


💚 Consejo de la educadora

Cuando hablamos con los niños sobre el cuerpo, me parece útil ampliar las preguntas que hacemos.

Podemos decirles “qué bonita te ves” o comentar que una prenda les queda bien. No hay nada malo en reconocer la apariencia.

Pero también podemos preguntar:

“¿Te sientes cómoda?”

“¿Qué cosas nuevas has aprendido a hacer?”

“¿Cómo se siente tu cuerpo después de descansar?”

Así la apariencia no se convierte en el único aspecto de su cuerpo que recibe atención.

También podemos observar cuánto de nuestro propio lenguaje gira alrededor de corregirnos.

No necesitamos convertirnos en modelos de autoestima perfecta.

Podemos mostrar algo más importante: que un cuerpo puede cambiar, tener características que no nos encantan y seguir mereciendo cuidado y respeto.

Como educadora, me interesa especialmente que los niños aprendan que autocuidarse no consiste en alcanzar una determinada apariencia.

Consiste, poco a poco, en poder pensar: “Este es mi cuerpo. Puedo conocerlo, escucharlo, cuidarlo y pedir ayuda cuando la necesite.”


Fuentes consultadas

Organización Mundial de la Salud (OMS) (2025). Framework to implement a life course approach in practice. Marco para aplicar un enfoque de curso de vida que considera cómo factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales interactúan desde el nacimiento hasta la vejez y cómo las necesidades cambian a través de las distintas etapas.

Organización Mundial de la Salud (OMS). Directrices sobre actividad física y hábitos sedentarios. Recomendaciones para niños y adolescentes, adultos, personas mayores, mujeres durante el embarazo y posparto y personas que viven con enfermedades crónicas o discapacidad.

Organización Mundial de la Salud (OMS) (2025). Atención Integrada para las Personas Mayores (Integrated Care for Older People, ICOPE). Orientaciones sobre atención centrada en la persona, mantenimiento de capacidades y participación de las personas mayores en las decisiones relacionadas con su cuidado.

Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). Guías Alimentarias para Chile. Orientaciones y materiales que integran dimensiones nutricionales, sociales y ambientales de la alimentación.

Ministerio de Salud de Chile (MINSAL). Campaña Verano 2025-2026: Altas Temperaturas. Recomendaciones sobre exposición al sol, sombra, ropa protectora, hidratación y protección solar, incluidas orientaciones específicas para niños pequeños.

Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP), HealthyChildren.org. Orientaciones sobre redes sociales, imagen corporal, autoestima y conversaciones familiares relacionadas con peso, alimentación y apariencia.

Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (National Institute on Aging, NIA). El cuidado de la piel y el envejecimiento. Información sobre cambios habituales de la piel asociados al paso de los años y recomendaciones generales para su cuidado.


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