Mascotas y niños: un vínculo que también enseña a cuidar

Para muchos niños, una mascota termina convirtiéndose en alguien muy importante dentro de la familia. La esperan al regresar del colegio, le hablan, juegan con ella, aprenden a reconocer sus costumbres e incluso pueden buscar su compañía cuando están tristes o necesitan tranquilidad.

Esa relación puede ofrecer oportunidades para compartir afecto, asumir pequeñas responsabilidades y aprender algo esencial: convivir con otro ser vivo también significa respetar sus necesidades.

Pero tener una mascota no garantiza automáticamente que un niño será más responsable, empático, sociable o feliz.

La investigación ha encontrado algunas asociaciones entre el vínculo con animales de compañía y aspectos del bienestar y desarrollo psicosocial infantil. Sin embargo, los resultados son variables y gran parte de los estudios disponibles no permite afirmar que la mascota sea la causa directa de esos posibles beneficios.

Por eso quizá sea más útil plantearlo de otra manera:

una mascota puede ofrecer muchas oportunidades de aprendizaje, pero esas oportunidades dependen también de cómo los adultos acompañemos la relación y de que respetemos el bienestar del animal.


📌 Ficha rápida

¿Tener una mascota beneficia el desarrollo infantil?
Puede ofrecer experiencias positivas de compañía, cuidado y convivencia con otro ser vivo. Sin embargo, los beneficios no son automáticos y la investigación todavía presenta resultados diversos.

¿A qué edad puede un niño participar en el cuidado de una mascota?
No existe una edad exacta. La Academia Americana de Pediatría señala que la madurez individual es importante y que alrededor de los 5 o 6 años algunos niños pueden comenzar a asumir tareas sencillas. La responsabilidad principal por el bienestar del animal continúa siendo del adulto.

¿Los niños pequeños pueden quedarse solos con una mascota conocida?
No es recomendable. Incluso con un animal familiar y tranquilo, los niños pequeños necesitan supervisión cercana.

¿Una mascota puede enseñar responsabilidad?
Puede ofrecer oportunidades para practicarla, siempre que las tareas sean apropiadas para la edad y un adulto garantice que el animal reciba todos los cuidados que necesita.

¿Qué ocurre si a mi hijo no le gustan los animales?
No pasa nada. No todos los niños disfrutan el contacto con animales y no debemos obligarlos a acariciar, cargar o interactuar con una mascota.

Mucho más que tener un animal en casa

La presencia de una mascota y la construcción de un vínculo con ella no son exactamente lo mismo.

Ese vínculo se va formando en la convivencia cotidiana, cuando el niño comienza a descubrir que el perro necesita descansar, que el gato puede alejarse cuando no quiere contacto, que el agua debe estar disponible y que alimentar a un animal significa reconocer que depende de otras personas para cubrir necesidades básicas.

También aprende que no podemos jugar con un animal de cualquier manera solo porque tenemos ganas.

Ahí aparece una oportunidad educativa especialmente valiosa:

comprender que querer a otro ser vivo también significa respetar sus necesidades, incluso cuando son diferentes de las nuestras.


Una mascota no es un juguete

Especialmente para los niños pequeños, esta diferencia necesita enseñarse de manera explícita.

Los animales pueden sentir miedo, dolor, hambre, cansancio y necesidad de descanso. No siempre quieren jugar ni necesariamente disfrutan que los carguen o abracen.

También pueden sentirse incómodos si alguien los persigue, tira de sus orejas o cola, intenta quitarles la comida o acerca demasiado el rostro.

La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda supervisar estrechamente las interacciones entre niños pequeños y mascotas, además de enseñarles a no molestar al animal mientras come o duerme y a evitar juegos bruscos que puedan terminar en mordeduras o arañazos.

Podemos decir algo tan sencillo como:

“Queremos jugar con él, pero primero observemos si él también quiere jugar.”

Así enseñamos simultáneamente seguridad y respeto.


Aprender a observar las señales del animal

Los niños pueden aprender poco a poco que los animales también comunican, aunque cada especie y cada animal lo hagan de manera diferente.

Un perro puede alejarse, un gato esconderse y otro animal intentar escapar o mostrar tensión corporal. No necesitamos esperar a que gruña, arañe o muerda para decidir que necesita espacio.

Podemos enseñar:

“Se fue a su cama. Ahora lo dejamos descansar.”

“Está tratando de alejarse. No lo sigamos.”

“Mientras come, no lo molestamos.”

La Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria (American Veterinary Medical Association, AVMA) recomienda aprender a reconocer señales de estrés e incomodidad y detener la interacción antes de que la situación escale.

Esto también ayuda a corregir una idea importante: que una mascota pertenezca a la familia no significa que el niño tenga derecho a tocarla cuando quiera. El cariño no elimina los límites.


La supervisión adulta sigue siendo necesaria

A veces escuchamos:

“Pero nuestro perro jamás haría nada.”

Confiar en un animal conocido no sustituye la supervisión.

Incluso una mascota tranquila puede reaccionar si siente dolor, miedo, sobresalto o incomodidad.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) recomiendan supervisar a los niños alrededor de animales, y la AAP señala que los niños pequeños no deberían quedarse solos con una mascota.

Supervisar no significa permanecer asustados cada vez que juegan juntos.

Significa que un adulto está suficientemente atento para intervenir antes de que una interacción deje de ser segura para cualquiera de los dos.


¿Una mascota ayuda a desarrollar empatía?

Aquí conviene ser prudentes.

Una revisión sistemática publicada en 2023 analizó 29 estudios sobre el vínculo entre niños y animales de compañía y distintos resultados psicosociales. Encontró algunas asociaciones favorables con aspectos como empatía, apoyo social y calidad de vida, pero también resultados contradictorios en varias áreas y limitaciones metodológicas importantes.

En muchos de esos estudios tampoco es posible saber qué ocurre primero.

Quizá un niño especialmente interesado en los animales construya un vínculo más fuerte con una mascota. Quizá determinadas características familiares influyan tanto en la convivencia con el animal como en otros aspectos del desarrollo.

Por eso no sería correcto afirmar:

“Tener una mascota vuelve empáticos a los niños.”

Podemos decir algo más concreto:

convivir con un animal puede crear situaciones cotidianas en las que enseñamos y practicamos cuidado, observación y consideración por las necesidades de otro ser vivo.


La responsabilidad se aprende poco a poco

Cuando llega una mascota, es frecuente escuchar:

“Será responsabilidad de los niños.”

Pero ningún animal debería depender exclusivamente de que un niño recuerde alimentarlo, cambiarle el agua, administrarle un medicamento o detectar que está enfermo.

La AVMA señala que tener una mascota implica comprometerse durante toda su vida y disponer de tiempo, recursos y condiciones adecuadas para alimentación, vivienda, atención veterinaria, ejercicio, estimulación y compañía.

En Chile, la Ley N.º 21.020 sobre Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía establece también obligaciones concretas para quien tiene al animal bajo su cuidado, entre ellas proporcionar alimento, albergue, buen trato y los cuidados veterinarios indispensables.

Los niños pueden participar, pero la responsabilidad final continúa correspondiendo al adulto.

No sería justo para el niño ni para la mascota convertirlo en el único responsable de otro ser vivo.


Las tareas deben corresponder a la edad y a las capacidades

No todos los niños de una misma edad pueden asumir las mismas responsabilidades.

Uno puede recordar con facilidad una rutina diaria, mientras otro necesita una imagen o un recordatorio. Un niño puede disfrutar llenando el plato de alimento y otro sentirse incómodo con determinados olores, texturas o movimientos del animal.

Podemos adaptar la participación.

Un niño puede colaborar llenando el recipiente de agua con supervisión, ayudar a preparar el alimento, guardar juguetes o implementos, acompañar un paseo junto a un adulto o preparar algunas cosas antes de una visita veterinaria.

También puede aprender cuándo el animal necesita descanso.

Si participa en el cepillado, el contacto debe ser seguro y agradable tanto para el niño como para la mascota.

La meta no es repartir tareas por obligación.

Es enseñar que formar parte de una relación también implica participar, según nuestras posibilidades, en el cuidado.


Cuando un niño no quiere tocar a la mascota

No todos los niños disfrutan acariciando animales.

Algunos necesitan observar durante bastante tiempo antes de acercarse. Otros pueden sentirse incómodos con el pelo, los ladridos, los olores, el movimiento impredecible o el contacto físico.

Y algunos simplemente no sienten demasiado interés.

No necesitamos interpretar eso como falta de empatía.

Puede existir otra forma de relación. Tal vez el niño disfrute observando un pez, poniendo agua al perro, hablando con el gato sin tocarlo o acompañando al adulto durante la alimentación.

También puede preferir mantener una distancia que le resulte cómoda.

El respeto funciona en ambas direcciones: protegemos los límites del animal y también los del niño.


Antes de incorporar una mascota a la familia

Una mascota no debería llegar como una compra impulsiva ni únicamente como premio por una buena nota, un cumpleaños o porque el niño prometió que “hará todo”.

La AVMA recomienda considerar previamente si el animal es compatible con el hogar y el estilo de vida de la familia, cuánto tiempo y dinero requerirá, quién asumirá sus cuidados y si existe la posibilidad real de comprometerse con él durante toda su vida.

La normativa chilena sobre tenencia responsable también exige considerar las necesidades propias de la especie, la edad y condición del animal y proporcionarle condiciones adecuadas de bienestar, higiene y seguridad.

Por eso la pregunta no debería ser solamente:

“¿Qué mascota quiere mi hijo?”

También necesitamos preguntarnos:

“¿Podemos ofrecerle a este animal una vida adecuada en nuestra familia?”


No todos los animales son apropiados para todos los hogares

Aquí la seguridad también importa.

Los CDC consideran que los niños menores de 5 años presentan mayor riesgo frente a determinadas infecciones transmitidas por animales y recomiendan evitar en este grupo el contacto con reptiles, anfibios, aves de corral y roedores.

Esta es una recomendación sanitaria de los CDC de Estados Unidos y no significa que todas las familias tengan exactamente las mismas condiciones o riesgos.

También puede ser necesario considerar alergias, personas con el sistema inmunitario debilitado, características del hogar y necesidades concretas de cada especie.

Cuando existen dudas, puede resultar útil consultar con el profesional de salud correspondiente y con un veterinario.

La mascota adecuada no es necesariamente la más llamativa o la que está de moda.

Es aquella cuyas necesidades la familia puede satisfacer de manera responsable.


Higiene sin convertir a los animales en una amenaza

Convivir con mascotas también requiere hábitos básicos de higiene.

Los CDC recomiendan lavarse las manos con agua y jabón después de tocar animales, manipular su comida o utensilios y limpiar orina, heces u otros desechos.

En niños pequeños, un adulto debería supervisar el lavado de manos.

No necesitamos transmitir:

“Los animales están sucios.”

Podemos enseñar algo mucho más sencillo:

“Después de jugar con la mascota, nos lavamos las manos.”

Es una rutina de cuidado, igual que muchas otras.


Cuidar también significa atender las necesidades del animal

La convivencia responsable no termina al colocar comida en un plato.

Los animales pueden necesitar atención veterinaria preventiva, ejercicio, descanso, interacción social, estimulación mental y condiciones ambientales adecuadas para su especie.

La AVMA destaca estos elementos como parte de una tenencia responsable, y la Ley N.º 21.020 en Chile protege expresamente el bienestar del animal y exige cuidados básicos y atención veterinaria cuando sea necesaria.

Esto también puede enseñarse a los niños.

Cuando llevamos a la mascota al veterinario podemos explicar:

“La queremos y por eso cuidamos su salud.”

Cuando necesita tranquilidad:

“Ahora está descansando. Cuidarla también significa dejarla tranquila.”

El cuidado no siempre se parece a jugar o acariciar.


Cuando una mascota acompaña momentos difíciles

Muchas familias describen que sus hijos buscan espontáneamente a una mascota cuando están tristes, preocupados o necesitan tranquilidad.

Esa experiencia afectiva puede ser importante.

No necesitamos afirmar que el animal “cura” la ansiedad, mejora necesariamente la autoestima o sustituye el apoyo de otras personas.

La investigación sobre animales de compañía y bienestar infantil muestra resultados interesantes, pero todavía variables.

Podemos reconocer algo más sencillo:

para algunos niños, la compañía de una mascota puede sentirse reconfortante.

Y eso, por sí solo, puede tener valor.

Una mascota no necesita convertirse en terapeuta para ocupar un lugar importante en la vida de un niño.


No todas las mascotas tienen que cumplir una función

A veces intentamos justificar la presencia de un animal enumerando todos sus posibles beneficios.

Decimos que enseña responsabilidad, mejora la autoestima, favorece la socialización, reduce el estrés o hace que el niño se mueva más.

Algunas de estas relaciones han sido estudiadas, pero los resultados no son uniformes y no permiten prometer que ocurrirán en todas las familias.

Quizá no necesitemos convertir a la mascota en una herramienta para el desarrollo infantil.

Puede ser simplemente un ser vivo con el que la familia ha construido una relación importante.

Y esa relación merece cuidarse también por el bienestar del animal.


Cuando una mascota muere

Para un niño, la muerte de una mascota puede ser una pérdida muy importante.

No deberíamos restarle valor diciendo:

“Era solo un perro.”

“Compraremos otro.”

“No llores.”

La manera en que un niño comprende la muerte depende de su edad y desarrollo, y las reacciones de duelo pueden ser muy diferentes.

La AAP recomienda responder las preguntas con honestidad adaptada a la edad, permitir las emociones y respetar la manera en que cada niño vive la pérdida.

Si sabemos que una mascota está gravemente enferma y probablemente morirá, puede ser preferible preparar al niño de manera acorde a su comprensión en lugar de asegurarle que todo estará bien cuando no sabemos si será así.

Podemos decir: “Está muy enfermo y los veterinarios están intentando ayudarlo, pero es posible que su cuerpo deje de funcionar.”

Cuando ocurre la muerte, una frase sencilla puede ser suficiente: “Sé que lo querías mucho y entiendo que lo extrañes.”

Algunas familias encuentran significativo mirar fotografías, dibujar, escribir una carta, plantar algo o realizar un pequeño ritual de despedida.

Otros niños no querrán hacerlo. También está bien.


Una nueva mascota no reemplaza a la anterior

Después de una pérdida, algunas familias consideran adoptar otro animal.

Puede ser una buena decisión cuando estén preparadas.

Pero conviene evitar presentarlo como sustituto:

“No estés triste, tendremos otro.”

La AAP advierte que este tipo de mensaje puede transmitir al niño que alguien querido puede simplemente ser reemplazado.

Cada vínculo es diferente.

Un nuevo animal puede dar origen a una nueva relación.

No necesita borrar la anterior.


¿Cuándo puede ser necesario pedir ayuda?

El duelo por una mascota no tiene un plazo exacto.

Sin embargo, si después de la pérdida un niño presenta dificultades persistentes para funcionar en la vida cotidiana, alteraciones importantes del sueño, ansiedad intensa, tristeza profunda u otros cambios que preocupan a la familia, puede ser útil conversarlo con su pediatra u otro profesional de salud.

Del mismo modo, si la convivencia con un animal genera miedo constante, agresiones repetidas o situaciones que ponen en riesgo al niño o a la mascota, conviene buscar orientación.

Dependiendo del problema, esa ayuda puede provenir de profesionales de salud, veterinarios u otros especialistas en comportamiento animal.

Esperar simplemente a que la situación “se pase” puede exponer innecesariamente a ambos.


🌿 Para recordar

Una mascota puede convertirse en una figura muy significativa dentro de la vida familiar, pero sus posibles beneficios para el desarrollo infantil no son automáticos.

Los adultos continúan siendo responsables de garantizar su bienestar y, en Chile, la tenencia responsable implica obligaciones legales concretas relacionadas con alimentación, buen trato y atención veterinaria.

Los niños pueden participar en los cuidados de acuerdo con su edad, desarrollo, capacidades e intereses.

La supervisión es especialmente importante cuando hay niños pequeños.

También necesitamos enseñar que un animal puede querer contacto en un momento y necesitar espacio en otro.

Y no todos los niños tienen que relacionarse con las mascotas de la misma manera.

Quizá una de las enseñanzas más valiosas que puede ofrecernos esta convivencia sea comprender que amar a otro ser vivo también significa preguntarnos qué necesita él, y no solamente qué queremos nosotros de él.


Conclusión

Para muchos niños, una mascota formará parte de algunos de sus recuerdos más importantes de la infancia: juegos, paseos, rutinas, momentos de tranquilidad y quizá, con los años, también una despedida.

No necesitamos prometer que esa relación transformará automáticamente su personalidad o su desarrollo.

Su valor puede estar en algo mucho más cotidiano: aprender a convivir con un ser vivo diferente, observarlo, cuidarlo, respetar sus límites y disfrutar de su compañía.

El cariño no consiste solamente en cuánto queremos estar cerca de alguien.

También se expresa en nuestra capacidad de reconocer qué necesita.


💚 Consejo de la educadora

Cuando un niño convive con una mascota, me parece más educativo preguntar:

“¿Qué crees que necesita ahora?”

que insistir siempre:

“Dale un abrazo.”

Quizá necesita jugar, tomar agua, salir, descansar o simplemente permanecer cerca sin que nadie lo toque.

Esa pregunta invita al niño a desplazar por un momento la atención desde:

“¿Qué quiero hacer yo con mi mascota?”

hacia:

“¿Qué está comunicando este otro ser vivo?”

Como educadora, creo que allí aparece una oportunidad especialmente valiosa.

Enseñar a cuidar no consiste solamente en cumplir una tarea. También implica aprender a observar, respetar límites y considerar las necesidades de alguien diferente de nosotros.


Fuentes consultadas

Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP), HealthyChildren.org. Orientaciones sobre elección de mascotas, madurez infantil, participación en los cuidados, prevención de lesiones, supervisión de las interacciones entre niños y animales y acompañamiento después de la muerte de una mascota.

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (Centers for Disease Control and Prevention, CDC). Healthy Pets, Healthy People. Recursos sobre supervisión infantil, higiene, lavado de manos, prevención de enfermedades transmitidas por animales y recomendaciones especiales para menores de 5 años.

Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria (American Veterinary Medical Association, AVMA). Orientaciones sobre tenencia responsable, bienestar animal, elección adecuada de mascotas, compromiso durante toda la vida del animal y prevención de mordeduras.

Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Ley N.º 21.020 sobre Tenencia Responsable de Mascotas y Animales de Compañía. Establece responsabilidades relacionadas con alimentación, albergue, buen trato, cuidados veterinarios y bienestar de los animales de compañía.

Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo (SUBDERE). Programa de Tenencia Responsable de Animales de Compañía. Orientaciones y normativa chilena sobre tenencia responsable, bienestar animal y necesidades según especie, edad y condición.

Groenewoud, C. A. y colaboradores (2023). Revisión sistemática sobre el vínculo entre niños y animales de compañía y diferentes resultados de salud psicosocial. Encontró algunas asociaciones favorables, pero también resultados contradictorios y limitaciones que impiden establecer relaciones causales.

Purewal, R. y colaboradores (2017). Companion Animals and Child/Adolescent Development: A Systematic Review of the Evidence. Revisión anterior sobre animales de compañía y desarrollo infantil y adolescente, útil como antecedente de esta línea de investigación.


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